Sobre mí

domingo, 2 de febrero de 2014

Persona degradada a nivel de ciudadano

El otro día me llegó un mensaje por WhatsApp (de esos que se envían a diestro y siniestro) que hablaba sobre la belleza y dureza del trabajo de profesor. 
Debo reconocer que me conmovió. Es cierto, los profesores trabajamos sobre una materia difícil de tratar: la humanidad de cada alumnoLa humanidad con sus paradojas, sus miserias y sus heroicidades. 
Cada día vuelvo a casa con la sensación de haber servido de algo y también con la percepción de no haber incidido en nada en la vida de los alumnos; una ambivalencia que creo que comparto con todos mis colegas del gremio.
Ahora bien, el texto concluía diciendo que todos los esfuerzos se podían sobrellevar con "la esperanza de convertir a nuestros alumnos en buenos ciudadanos".
Lo siento mucho, pero eso no lo comparto. No pienso degradar a las personas que con las que trato cada día, aunque sean adolescentes, al nivel de simples ciudadanos, una simple dimensión de la persona, en cuanto miembro de una sociedad.

domingo, 12 de enero de 2014

"Oblivion" y la dispersión de la identidad personal

Una de las características de la antropología empirista es la percepción del YO como un fluir de conciencia
Pero vayamos por pasos, que para un filósofo con las cejas quemadas en esto de leer y las neuronas desgastadas en el pensar, esta frase es pan comido; no obstante, no creo que ocurra lo mismo para el común de los mortales.
Yo me considero un híbrido entre lo común que tiene un mortal y un personaje con neuronas a punto de patinar, así que haremos lo posible por explicarnos.
Dicen que empirista es todo aquel que sostiene que no hay más conocimiento que el que nos viene a través de los sentidos. 
¿Qué puede decir, pues, un empirista acerca del YO? El yo, sí, el yo, ese señor o señora que tenemos dentro y que resulta que sus pensamientos y sentimientos coinciden con los nuestros. (A veces cuesta explicar las cosas más obvias.) Pues ¿qué puede decir un empirista si se basa en los datos de los sentidos? Poca cosa, eh, poca cosa. Yo soy yo, me veo en el espejo, se podría decir. Sí, en efecto, tu cuerpo es una perogrullada "empírica", pero ¿todo lo que piensas y sientes? ¿Eso qué? Eso no se ve en el espejo. Para eso existe la introspección, mirar hacia adentro.
Y, entonces, empiezan los problemas. Desde ese punto de vista, lo único que se percibe es un continuo pasar por nuestra capacidad consciente de pensamientos, deseos, emociones, sentimientos, etc. ¡Ah! Pues si eso es lo que se percibe, ¡ya está! El YO es un continuo fluir, un flujo de conciencia (stream of consciousness).
Entonces, ¿El YO no tiene entidad propia? Es decir (¡no pensaba que me costaría tanto decir esto!), ¿yo no soy nada? ¿Solo una serie de ejercicios de consciencia? Pues yo me creía más, la verdad. (Será que no estoy al día.)
Si no hay nada detrás del fluir de conciencia, ese fluir de conciencia no es nada, un simple río que desemboca en el mar, una serie de gotas que da la casualidad que van juntas en una misma dirección. 
Pero (vamos a ver si nos queda claro), entonces, no tenemos identidad personal. 

El empirista diría que debe haber algo, no sabemos qué, porque la memoria hace que haya una continuidad, un elemento constante en ese fluir siempre cambiante. Ese elemento es el YO, es el recuerdo de mi mismo como siendo consciente de todo ese fluir de conciencia a lo largo del tiempoConsecuencia lógica de esto es que la identidad del yo SOLO está vinculada con los recuerdos.
Por tanto, si la identidad del yo depende de la memoria, si fuéramos capaces de fabricar una memoria, tendríamos una identidad personal, un YO. Es decir, ¡y esto es lo gordo!, se podría separar la identidad personal del individuo concreto de la especie humana.
O sea, no es imprescindible que exista una correspondencia yo-individuo. O más claro todavía, bastaría con que dos individuos tuvieran los mismos recuerdos, para que hubiera una única identidad personal. En este caso tendríamos un yo y dos individuos. (¿?)
¿Y qué ocurre en Oblivion? Jack Harper es un único yo (por los recuerdos), pero con una infinidad de individuos, que resultan ser clones. Y esto es tan patente en la película, que su misma esposa reconoce a su marido, tanto en el técnico 49 como en el 52. 
Quizá esta película, norteamericana, anglosajona, es la reducción al absurdo de las teorías empiristas a este respecto.

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jueves, 2 de mayo de 2013

Oblivion




Oblivion es una película imponente desde el punto de vista visual: una gran fotografía, a mi humilde entender. Además desarrolla un argumento pensado para ir sorprendiendo progresivamente al espectador, hasta el mismo final. 

No voy a desgranarla y destapar las ideas filosóficas que subyacen a esta creación de Joseph Kosinski, porque eso implicaría desvelar los intríngulis de la trama y, ciertamente, es uno de los atractivos de la película. No, no la dejaré en paños menores en esta ocasión.

Solo quiero destacar un hecho. Jack Harper, interpretado por Tom Cruise, vive aislado en un desolado planeta tierra. Su vínculo con la humanidad no es la ciencia ni la tecnología (de la que por cierto está rodeado) sino un libro, un libro de papel y además antiguo, relacionado con la Antigua Roma.
La película, en este sentido, una oda a lo más básico de la vida humana: la vida tranquila y retirada, el contacto con la belleza natural y también la creada por el espíritu humano.

Pero esta película tiene mucha más miga... Veremos si seremos capaces de desmenuzar sus presupuestos filosóficos sin adelantar vuelcos de la trama.

viernes, 22 de marzo de 2013

No puede ser que lleve 16 años dormida


¿Coincide nuestra percepción con la realidad? El sentido común nos dice que a aquellas personas con deficiencias sensoriales les resulta más difícil la relación con el medio. La vida de un ciego y sordo, por ejemplo, peligraría en una ciudad sin ayuda adecuada.

Por eso, por un hecho tan básico como el de la supervivencia, se podría decir que nuestros sentidos son adecuados para el medio en que desarrollamos nuestra vida.

Sin embargo, Descartes dice que a lo mejor estamos soñando, que a lo mejor el mundo en que vivimos no es real. Ante esto no me cabe más opción que tirar de la sabiduría de una adolescente, que me dijo: "No puede ser que yo lleve 16 años dormida". No es un argumento muy científico, pero está cargado de sentido común.

Ahora bien, ¿todo lo que percibimos se encuentra tal cual en el mundo o es todo lo que hay en el mundo? Pues no. Hay aspectos del medio que nos rodea que sabemos que no podemos percibir. Por ejemplo, los perros captan los ultrasonidos, pero nosotros no. Entonces, ¿qué más hay en el mundo que no somos capaces de percibir? ¿Vivimos rodeados de realidades ocultas? Sería, entonces, injustificada el famoso "A veces veo muertos...".



miércoles, 20 de marzo de 2013

Faemino, Cansado y C.S. Lewis

C.S. Lewis (1898-1963)
Cansado, aunque no lo sepa, "está apelando a cierta clase de regla de conducta que supone que la otra persona debe conocer", es decir, que si uno llega a una cola, debe colocarse el último. Faemino no le replica: "al diablo con tus reglas", sino que "trata de argumentar que lo que hace no va en realidad contra las reglas, o que si las transgredió tiene para ello una excusa especial". De esta manera, dice Lewis, aunque no sea suficiente para explicarla, se puede demostrar que existe algo llamado Ley Natural.
La gracia de la escena consiste en que, a pesar de la inventiva surrealista de Faemino, no hay forma de excusarse, porque todos sabemos (la ley natural es común a todos) que colarse no es correcto. 
(Los textos entre comillas son de C.S. Lewis en el capítulo primero de Mere Christianity.)

viernes, 8 de marzo de 2013

Más chuletón "matriciero"


El chuletón inexistente que Cifra se estaba comiendo en Matrix, no es un hecho aislado dentro de una película marginal.

El mito de la caverna de Platón nos habla de una vida irreal de sombras. Descartes dudaba de la realidad que vivía porque alguna vez soñó que estaba no estaba durmiendo, y no podía asegurar que el momento en que escribía esa idea, estuviera despierto de verdad. Berkeley negaba la existencia del mundo; para él solo existían las percepciones, puestas en nuestros sentidos por un Dios que más bien parece un aparato de realidad virtual. Calderón de la Barca hace vivir al pobre Segismundo una situación en la que se le informa más de una vez de que lo anterior que el creía vivir en realidad era un sueño.

En nuestros días podemos encontrar películas que plasman en celuloide esta preocupación. En Matrix se ve descaradamente: todos viven una irrealidad, una vida falsa. Pero no es la única. Los sustitutos, por ejemplo, plantea un mundo en el que la gente vive la vida, no en persona, sino a través de unos robots. La Isla también plantea una sociedad ficticia que, como Matrix, ha sido creada con un fin instrumental.

Otra película destacable es Shutter Island en la que Leonardo di Caprio toma el papel de un agente judicial cuya mente inventa un mundo en el que resguardarse de la realidad, que es demasiado dura para ser asumida. Algo parecido se puede leer en Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena. La psique nos puede hacer ver lo que no es.
En fin, el mundo que nos rodea es un misterio. ¿La vida que vivimos es real o es solo apariencia? ¿Se puede rasgar lo que se muestra, para descubrir la verdad?

martes, 29 de enero de 2013

Del chuletón a la locura

Matrix (1999) es una película de una hechura cinematográfica digna de verse. Los efectos especiales de las escenas de acción han marcado un estilo. Sin embargo, en este largometraje se encierran ideas e inquietudes que han acompañado al ser humano desde los principios de su existencia. Lo más inquietante es el miedo que rezuma a la posibilidad de que la vida que estamos viviendo no sea real. René Descartes (1586-1650) también manifiesta esta preocupación. Alguna vez, reflexionaba él, he tenido un sueño en el que pensaba que estaba despierto y, sin embargo, al despertarme, me daba cuenta de que estaba dormido. ¿Podría ocurrir, entonces, que lo que estoy viviendo ahora mismo sea un sueño?
Con la ayuda de los conocimientos tecnológicos, sobre todo en lo que se refiere a informática, el director de Matrix expresa este miedo en una especie de sueño del que no podemos despertar por nosotros mismo. Los seres humanos  viven rodeados de un entorno que parece real, con el que interaccionan, en el que viven aparentemente una vida normal. Sin embargo, están inmersos en un mundo virtual, simulado, que oculta la realidad: ya que, de hecho, viven en unas cápsulas, en posición fetal, conectados por cables y proporcionan electricidad a las máquinas, que son las que dominan el mundo. Cifra, el traidor, comenta al agente Smith que el filete que se va a meter en la boca no es real, no existe, y, sin embargo, lo encuentra delicioso. En su negociación con los agentes pide que, tras entregar a  Morfeo quiere ser reinsertado en Matrix, ser rico, alguien importante y no acordarse de nada de lo vivido en el mundo real.
Cifra se parece muy peligrosamente a una de las actitudes que se muestran con fuerza en  El Árbol de la ciencia de Pío Baroja (1872-1956). En ambos casos se concluye que que la vida mejor vivida es aquella que deja de lado la realidad para rodearse de un mundo de ficción hecho a la propia medida. Pío Baroja no conocía ni podía siquiera imaginar algo semejante a Matrix, de manera que afirma que si el más feliz es el que está desconectado  de la realidad, entonces para ser feliz hay que estar loco.





La sustancia (y no hablo de la película de Demi Moore)

Decía Woody Allen en Interiores  que la vida no imita al arte, sino a la mala televisión. Si el neoyorquino hubiera leído con atención el li...