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viernes, 9 de noviembre de 2012

"La conversión al fantasma"

No pretendo hablar de espectros que vagan con una sábana y cadenas por los pasillos de castillos medievales embrujados. Ni siquiera del pobre fantasma de Canterville, a quien el pragmatismo americano redujo al ridículo, según la irónica pluma de Oscar Wilde. Tomás de Aquino (1225-1274), dentro de su teoría del conocimiento, llamaba phantasma a la imagen sensible mental que resultaba de la percepción (ver: El caos de los sentidos (una anécdota personal)). Sobre esta imagen sensible que guardamos en nuestra mente gracias a lo percibido a través de los sentidos, la inteligencia va extrayendo elementos inteligibles  hasta que es capaz de producir un concepto universal. A esta operación intelectual en la que la inteligencia "va a buscar" los elementos universales en la imagen sensible (o phantasma) la llamó el Aquinate conversio ad phantasma, es decir, el retorno de la inteligencia a la imagen que los sentidos han producido en nuestra mente.

viernes, 29 de junio de 2012

"Platón, para el carro"

Aristóteles (384-322 aC), que era discípulo de Platón, y un tío muy práctico y observador, le criticó al maestro que tuvieran que existir las formas perfectas de las cosas en una especie de mundo de las ideas, situado más allá del cielo. Por eso, Rafael lo representó en su Escuela de Atenas, hablando con Platón y haciendo un gesto que, a mi modo de interpretar, quiere decir "para el carro" y, también, "baja y pon los pies en el suelo". No señales tanto el cielo, porque lo que un objeto tiene de universal o común respecto de otros objetos está en el mismo objeto, no en un mundo de ideas. Es decir, lo que Platón llamó forma perfecta, no vive en el hiperuranio sino que nuestra inteligencia la abstrae del mismo objeto. Según Aristóteles, hay algo en los objetos que captamos por los sentidos que es común a todos los objetos de su género. Nuestra inteligencia extrae esa forma común y universal a partir de la imagen que nuestra percepción ha creado de ese objeto. Cuando nacemos, nuestra mente es como una tablilla limpia en la que no se ha escrito nada, hasta que aparece el primer concepto, que proviene de la abstracción que hace nuestra inteligencia del material obtenido a través de los sentidos. Mientras que a la postura de Platón se le llama Realismo Exagerado, a esta última de Aristóteles se le denominó Realismo Moderado. Las formas que nos permiten crear el concepto universal existen realmente, pero en el objeto, no en un mundo separado del nuestro. Por eso, Platón señala hacia arriba y Aristóteles le dice que se mantenga en la tierra.


lunes, 11 de junio de 2012

Las ideas del Buey Mudo


En la Edad Media vivió un gran sabio, un cabezón que quiso reunir todo el saber de su tiempo. Lo llamaban el Buey Mudo, porque apenas hablaba y, además, pesaba unos quintales. Sin embargo, su maestro Alberto Magno, dijo de él que, si era un buey, acabaría llenando el mundo con sus mugidos. En fin, Tomás de Aquino (1224-1274) desarrolló una elaborada teoría del conocimiento, que es a lo que iba. 

Se basó fundamentalmente en las teorías de Aristóteles (384-322 aC). Así que, como el maestro griego, comenzó por la tabula rasa. Es decir, cuando venimos al mundo, nuestra mente es como una tablilla en la que todavía no se ha escrito nada. Poco a poco se va llenando de información. Pero, ¿de qué manera? Pues el de Aquino lo dice muy claramente: "Nihil est in intellectum quod prius non fuerit in sensu”, o sea, "Nada hay en el intelecto que no haya estado antes en los sentidos". O, si lo decimos en forma positiva, la expresión habría que formularla así: todo lo que tenemos en el intelecto tiene su origen en los sentidos. Aunque esta parece la explicación más obvia del modo en que nuestro intelecto adquiere información, no todos estarían de acuerdo. Otros pensadores, como por ejemplo Descartes, opinan que poseemos ideas innatas, es decir, que están en el intelecto antes de cualquier acción de los sentidos. Pero, ¿cuál sería, entonces, el origen de esas ideas misteriosas? ¿Las ha puesto alguien ahí o simplemente vienen con nosotros de serie?

La sustancia (y no hablo de la película de Demi Moore)

Decía Woody Allen en Interiores  que la vida no imita al arte, sino a la mala televisión. Si el neoyorquino hubiera leído con atención el li...