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domingo, 5 de mayo de 2024

Aceptar y Cambiar: Sabiduría Estoica en 'Cadena perpetua' (1994)


En "Cadena perpetua", Andy Dufresne enfrenta una realidad brutal que parece inamovible: una sentencia de prisión por un crimen que no cometió. Su historia, llena de desafíos y triunfos inesperados, refleja profundamente la esencia del estoicismo: la aceptación de lo inevitable y el coraje para cambiar lo que está en nuestras manos.

Los estoicos, como Marco Aurelio, nos enseñan que la verdadera libertad viene de dentro. "Nuestra felicidad depende de nosotros mismos", afirmaría, sugiriendo que, aunque no podemos evitar ciertas tormentas, sí podemos aprender a bailar bajo la lluvia. Andy hace justamente esto: en lugar de desmoronarse bajo el peso de la injusticia, encuentra maneras de influir en su entorno, transformando la biblioteca de la prisión y, en última instancia, planificando su espectacular escape.

Esta película no solo nos muestra la resistencia física y mental de Andy, sino también su habilidad para navegar a través de las restricciones con una dignidad estoica. Cada pequeño paso que da hacia la libertad, desde la educación de sus compañeros hasta el manejo ingenioso de las finanzas de la prisión, es un acto de afirmación personal y de redefinición de su situación.

"Cadena perpetua" nos enseña una lección crucial: mientras que algunas barreras son inquebrantables, muchas otras son susceptibles a la paciencia y la persistencia. En el corazón del estoicismo y de la película, yace la creencia de que, aunque no siempre podemos controlar los eventos externos, tenemos el poder de controlar nuestras respuestas, nuestras decisiones y, en última instancia, nuestro destino.

Así que, la próxima vez que te enfrentes a un obstáculo aparentemente insuperable, recuerda a Andy Dufresne. Su viaje nos recuerda que, incluso en las circunstancias más sombrías, podemos encontrar luz, esperanza y, sobre todo, una oportunidad para el cambio.




miércoles, 24 de abril de 2024

Epicteto y su Pierna de Hierro Filosófico

Epicteto (55-135), escribiendo y pensando, con su muleta.

Hay veces que la vida te tuerce el brazo, o en el caso de Epicteto (55-135), te rompe la pierna. Este filósofo "adquirido" nos dejó una historia de supervivencia digna de un guion de Hollywood. Epicteto fue comprado, siendo niño, por Epafrodito, un tipo que estaba tan cercano a Nerón que no necesitaba calentador en invierno.
Este filósofo de origen tan humilde, que comenzó su vida como un artículo en venta, llegó a ser una figura central en el estoicismo, demostrando que no siempre se necesita tener un buen comienzo para lograr un final inolvidable.

Epicteto encontró en la filosofía un escape a su vida servil. Un día le aseveró a su dominus que el dolor no es un mal y este para demostrar lo contrario comenzó a retorcerle la pierna para que ese esclavo subidito de humos se diera cuenta de su error.

-Cuidado, amo, o acabarás rompiéndome la pierna. El dominus insistía con más fuerza al ver que Epicteto no reaccionaba como él hubiera esperado. -Si sigues así, la pierna se romperá. Pero el amo no cejaba en su empeño y retorcía con saña la pierna del esclavo, tratando de demostrar por los hechos del error de su esclavo. Finalmente Epitcteto le dijo: -Te lo advertí, ya se ha roto. Ahora tienes un esclavo cojo.

Más allá de la veracidad de la anécdota, se ven dos elementos clave del estoicismo:

1) La APATÍA (o apatheia) que consiste en evitar que el alma reaccione emocionalmente ante los hechos externos. "No sentir" que diría Elsa de Frozen. Por eso, mientras su cuerpo sufría, su espíritu se mantenía intacto, como si no ocurriera nada. De ahí la actitud aséptica y enunciativa con la que expresaba los hechos que estaban ocurriendo con su pierna y el bruto de su amo. Había cultivado la virtud estoica del no sentir o, al menos, no demostrar externamente que estás sintiendo. El autocontrol total.



2) No son nuestras circunstancias, sino nuestras respuestas a ellas, lo que nos definen. Todo depende de uno mismo. El dolor físico es externo, por eso no es un verdadero mal. El mal estaría en no comportarse con fortaleza de espíritu. Me parece una versión antigua del contemporáneo "empoderarse", creo yo.

Así que cuando sientas que la vida te tuerce el brazo, recuerda: incluso con una pierna menos, un verdadero estoico sigue siendo más libre que sus circunstancias.

viernes, 8 de noviembre de 2019

¿Feliz o libre?

Subí un post a instagram con cierta pregunta tendenciosa. Es decir, "si te obligaran a elegir, ¿libertad o felicidad?". Digo tendenciosa, porque en realidad deseamos ser felices en libertad. 
Pongo un texto de Robert Spaemann:

"Hagamos un experimento mental: imaginemos un hombre que está fuertemente atado sobre una mesa en una sala de operaciones. Está bajo el efecto de los narcóticos. Se le ha introducido unos hilos en la cubierta craneal, que llevan unas cargas exactamente dosificadas a determinados centros nerviosos, de modo que este hombre se encuentra continuamente en un estado de euforia; su rostro refleja gran bienestar. El médico que dirige el experimento nos explica que este hombre seguirá en ese estado, al menos, diez años más. Si ya no fuera posible alargar más su situación se le dejaría morir inmediatamente, sin dolor, desconectando la máquina”.  (Robert Spaemann, Ética, páginas 38-43).
¿Es este un hombre feliz sin libertad? Si el médico nos invita a subir a la camilla y "ser feliz" como él, ¿qué le diríamos?

lunes, 19 de febrero de 2018

Una utopía de aúpa

Si me preguntan sobre el sistema político y social perfecto, seguramente respondería que no existe. Sin embargo, algo me dice que debería tener algunas características. En primer lugar, exigiría que respetara la libertad de los ciudadanos; pero, claro, habría que demandar de los ciudadanos que la sepan usar bien. Y, después, que los gobernantes, además del resto de la sociedad, se dedicaran a buscar la verdad, no a convencernos de sus ideas, porque basar las políticas que son para todos en opiniones de moda o ideológicas no nos lleva a ninguna parte. Con estas dos propuestas ya tendría bastante, pero la utopía sería de aúpa. Dudo mucho que ningún gobernante quisiera esto para su gobierno.

viernes, 7 de marzo de 2014

¿Hay que ser libre para ser feliz?



Cuando he preguntado a mis alumnos si la sociedad de la novela de Aldous Huxley, 
Un mundo feliz, es feliz, coinciden en responder que no. Y la razón que dan es que no pueden ser felices porque están condicionados a hacer lo que hacen y a sentirse a gusto con ello y, en consecuencia, no son libres. Establecen una relación directa entre felicidad y libertad. Pero mirándolo fríamente: quien hace aquello para lo que ha nacido y le gusta lo que hace en la vida, debería ser feliz, ¿no?

Sí, seguramente, pero no es la imagen que tenemos de felicidad. Tenemos que ser felices como nos dé la gana. Esto es lo que le ocurre a Bernard Marx, uno de los personajes. Una gran intuición, porque parece que precisamente las utopías consisten en quitar la libertad de los individuos con la intención de que la responsabilidad pase de la persona a la sociedad. Libertad implica responsabilidad y la responsabilidad es una gran carga. ¿Quién puede conocer las consecuencias de sus decisiones?




sábado, 31 de marzo de 2012

¿Decisiones descabelladas?


Quizá tuviera problemas de personalidad o simplemente era afán de singularidad. El caso es que firmaba sus libros con diferentes nombres.
Soren Kierkegaard (1813-1855), danés de nacimiento, medio cojo y cheposo, ha sido llamado por muchos el primer existencialista.
Situado hacia el final del pensamiento moderno, donde es patente el fracaso de fundamentar la moral en la razón humana, Kierkegaard se sitúa "fuera" de la racionalidad. El único sentido que puede tener la ética se basaría en la "decisión". Esta no consiste en una especie de "cálculo" de razones y principios que concluyen necesariamente en una forma de comportamiento, sino en una opción existencial, llena de pasión vital.
Según Kierkegaard hay tres estadios en la vida humana: estético, ético y religioso. Cada uno "decide" a cual pertenece. El modelo del estadio estético es don Juan, el eterno seductor, incapaz de comprometerse. Se trata de un estadio sin compromisos, de usar y tirar, pero que conduce inevitablemente el fracaso. Paradigma del estadio ético es aquella persona que ha adquirido un compromiso de por vida, como es el caso del matrimonio y la fundación y mantenimiento de una familia. Es un estadio razonable, de acción comprometida y triunfo. El estadio religioso, en cambio, pertenece a otro orden de cosas, donde la razón se queda pequeña. Este estadio es el más existencial y menos racional de todos y está lleno de paradojas. Paradigma de este estadio es la historia bíblica de Abraham, al cual Dios manda ofrecerle en sacrificio a su propio hijo. (Al final, todo sea dicho, no lo sacrifica).

La sustancia (y no hablo de la película de Demi Moore)

Decía Woody Allen en Interiores  que la vida no imita al arte, sino a la mala televisión. Si el neoyorquino hubiera leído con atención el li...