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viernes, 19 de abril de 2024

Máximo Décimo Meridio, un estoico con espada



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Ah, "Gladiator"... esa película donde Russell Crowe, disfrazado de Máximo Décimo Meridio, nos da una lección de filosofía mientras despacha malos a "des-tajo". No solo por la espectacularidad de sus combates (q
ue parecen coreografías de un ballet sangriento), sino por la imperturbable serenidad (apatía) con que enfrenta la vida... y a sus enemigos. Máximo no es solo un guerrero con músculos de acero y mirada que congela, es un maestro del estoicismo, esa filosofía que es más dura que una rodilla en el estómago.

Al parecer Máximo seguía los pasos de Marco Aurelio y desde el celuloide nos enseña la elegancia de aceptar lo inevitable con más clase que un sommelier rechazando un vino del año pasado. "Acepta lo que te toca, como si lo hubieras elegido tú mismo", podría haber sido su lema, grabado en la empuñadura de su espada, justo debajo de un "hecho en Roma".

Pero, ¿qué haríamos nosotros en su lugar? ¿Nos desmoronaríamos como un helado en el Sáhara o encontraríamos ese estoicismo de emergencia? En la arena, Máximo enfrenta cada desafío con la calma de quien está decidido a mantener su compostura, incluso si eso significa lidiar con un experimentado gladiador ayudado por tigres.

Ante la adversidad hay que actuar con lo que tenemos a nuestro alcance, no pensar en situaciones ideales, en las cuales "sabríamos" cómo desenvolvernos. Incluso bajo presión, uno puede elegir cómo responder. Y esto es súper estoico: llevar en el interior, todo lo necesario para salir adelante. Lo demás son accesorios sin importancia. El buen estoico diría: "Máximo lucha con espadas y armaduras, pero lo que realmente lo convierte en el Máximo que conocemos es la certeza de que en la gran arena de la vida, mantener la calma y la integridad es ya una forma de triunfo".




lunes, 27 de noviembre de 2023

Que vuelven los estoicos

Zenón de Citio
(334-262 aC)

¡Vaya por Dios! Se ha puesto de moda la filosofía estoica. Ahora parece que la venden como si fuera una versión con fundamento de la autoayuda

El estoicismo surge en el siglo III a.C. con la fundación de la escuela de la Stoa en Atenas por Zenón de Citio (334-262). 

Sería muy complejo desmenuzar su pensamiento asimilarlo bien picadito en unas pocas líneas. Para ello remito a un minicurso ofrecido por "Filosofía y humor" (Este es el enlace al primer capítulo de cinco: https://open.spotify.com/episode/72TaQVOJY4b3zfMLpxOmaN?si=5xT67I-JTP-W6UFksfeV-g).

Resumiré, pagando el precio del reduccionismo, las ideas más importantes que estos filósofos predicaban:

1) En primer lugar se trata de una escuela filosófica "de resistencia" ante un cambio de época. Los griegos no tenían muy claro por dónde les soplaba el viento. Habían vivido durante siglos en un sistema basado en la polis y ahora se les imponía sobrevivir bajo el dominio de un imperio, el macedonio, en concreto, tras la conquista de Filipo y el afianzamiento por parte de Alejandro Magno. Como había crisis de identidad, se agarraban el primero que les prometía la felicidad a pesar de todo y de todos.

2) Así que no me equivoco mucho si digo que el estoicismo es una doctrina salvífica. Promete la felicidad en tiempos de incertidumbre. Muy adecuada para los tiempos que corren ahora, que no sabemos ni lo que somos.

3) Afirman los estoicos que todo lo que necesitas para ser feliz lo llevas contigo mismo. Aquí es donde se parece a la autoayuda. Eres muy grande, la persona más importante para ti eres tú mimo, siempre encontrarás recursos en tu interior, etc. La autoayuda nos deja casi a la altura de semidioses griegos. Ahí va una lista de frases de autoayuda actuales:

"No tienes control sobre los gustos de otros, por tanto enfócate en ser fiel a ti mismo" (Tim Gunn).

"No es sencillo encontrar la felicidad en nosotros mismos y no es posible encontrarla en otro lugar" (Agnes Repplier).

"Recuerda siempre que eres más valiente de lo que crees, más fuerte de lo que pareces y más inteligente de lo que piensas" (Christopher Robin).

Marco Aurelio (121-180)

Y aquí frases del estoico y emperador romano Marco Aurelio (121-180):

"Para descansar se buscan las apacibles soledades del campo, las orillas del mar o las serenas montañas. Tú también deseas esto ardientemente y con frecuencia. Y, sin embargo, todo esto no es sino prueba de vulgaridad de espíritu, ya que en cualquier momento que elijamos podemos buscar un retiro incomparable dentro de nosotros mismos" (Meditaciones, IV, 3).

"Busca dentro de ti mismo. Ahí está el manantial del bien, tanto más inagotable cuanto más se profundiza" (Meditaciones, VII, 59).

4) Dentro de uno mismo, encontrarás todo lo necesario para ser feliz, vale; pero hay un secreto estoico que es la pared maestra de todo: la apatía. Es decir, el no padecer. Pero no nos vengamos arriba, porque el no padecer no significa buscar el placer (hedonismo) y huir del dolor (aponía), sino huir del placer y del dolor. El estoico debe tener un dominio tal sobre sus pasiones, emociones y sentimientos que debe llegar a no sentir. Y, si no, mira: 

"¿Te ves importunado, en todo caso, por las sensaciones del cuerpo? Piensa que nuestro entendimiento no toma parte alguna en las impresiones agradables o displicentes que el alma sensitiva experimenta, acaso porque, encerrado dentro de sí mismo, solo reconoce sus propias fuerzas" (Meditaciones, IV, 3). Es decir, ¿te molesta lo que sientes?, pues deja de sentir.

"Sé como un promontorio contra el cual vienen a estrellarse continuamente las olas del mar: siempre inmóvil, a su alrededor la furia se hace impotente. “Soy desdichado –dices– porque me ha ocurrido tal accidente”. Di, pues, al contrario: “me considero feliz porque, a pesar de este accidente, no experimento el menor contratiempo ni estoy agobiado por el presente ni atemorizado por el porvenir”. Lo mismo hubiera podido sucederle a otro cualquiera y quizá no hubiese mostrado semejante resignación. ¿Por qué ha de ser, entonces, una desgracia este accidente, más bien que un acontecimiento feliz? ¿Acaso llamas desgracia para el hombre a lo que no puede impedirle conseguir el fin que debe proponerse? ¿Crees, por ventura, que no puede obtenerlo debido a un acontecimiento que no se halla en contradicción con los propósitos de la Naturaleza acerca de su destino? ¿Y cuáles son estos propósitos?" (Meditaciones, IV, 49) 

Una stoa o pórtico es un espacio arquitectónico cubierto, de planta rectangular alargada, conformado mediante una sucesión de columnas, pilares u otros soportes, y, en su caso, muros laterales. Zenón de Citio enseñó en la stoa poikilé, situada al norte del ágora ateniense.


5) Y esta cita nos introduce en otro tema, que no cuadra mucho con el buenismo antropológico de libertad sin límites: el destino. Los estoicos estaban convencidos de que hay una fuerza suprema que mueve los hilos del universo, incluidos los que nos atan a nosotros, los humanos. O sea, que solo somos libres para decidir si seguimos el destino (en muchas ocasiones los estoicos hablan de él llamándole "naturaleza") o si nos arrastra, como si fuéramos perros atados a un carro tirado por caballos.

En fin, un estoico es un tío que se cree supermán y acepta sin emociones lo que le traiga el destino, porque le viene grande el mundo que le ha tocado vivir. 

viernes, 25 de mayo de 2012

Dijo el lobo: ¡Vayamos a pacificar otro rebaño!


Don Camilo y Peppone

Giovanni Guareschi (1908-1968), el famoso escritor de las historias de don Camilo, ese cura descomunal que igual bautizaba que repartía mamporros esgrimiendo algo tan sutil como un banco de la plaza del pueblo, contaba en boca del sacerdote una anécdota muy graciosa. Decía que una vez se acercó un lobo a un redil de ovejas y pidió que le abrieran la puerta. Las ovejas se negaron por razones obvias. Entonces el depredador comenzó a razonar con ellas y a explicarles que él no era un lobo cualquiera, que venía a traerles la paz y la concordia, que tenían un enemigo común que era el hombre, que sus hermanos lobos no lo comprendía… Y tan bien les habló que las convenció. En cuanto le abrieron la puerta, el lobo comenzó el trabajo que le dictaba su instinto: devorar a las pobres pécoras. Cuando se las hubo comido a todas, exclamó: “¡Qué bien! ¡Vayamos a pacificar otro rebaño!”
Con esto quiero decir que hablar de paz está muy bien, pero ¿a qué precio hay que conseguirla?
Aldous Leonard Huxley
Aldous Huxley (1894-1963) escribió un espeluznante libro titulado Brave new world, que el traductor quiso llamar Un mundo feliz. Se sitúa en una sociedad estratificada y perfecta en la que no hay conflictos. La sexualidad no solo es libre sino que se promueve entre los niños como un juego. El sexo está tan separado de la procreación que lo seres humanos son producidos en fábricas con una cadena de montaje de nueve meses en la que se va proporcionando a cada nuevo espécimen los elementos químicos necesarios para su desarrollo. Ahora bien, a algunos se les suministra menos oxígeno en el cerebro que a otros. El objetivo de esto es el acondicionamiento de cada uno a la forma de vida a la que estará destinado. De esta manera, en la sociedad hay individuos de tipo alfa, que son los intelectuales, también beta, gamma, etc. hasta los épsilon que se dedican única y exclusivamente al trabajo manual. Su cerebro es incapaz de cualquier otro tipo de actividad. ¿Y cómo consiguen que todo el mundo esté de acuerdo con aquello a lo que se le destina? Fácil. Durante años se les impone una terapia: durante el sueño se les repite inmisericordemente los lemas que guiarán su vida: trabaja, trabaja, me encanta trabajar, solo quiero trabajar, lo más grande que hay en el mundo es trabajar, no me juntaré con los alfa, etc. He aquí una sociedad perfecta y pacífica.
Pero, ¿quién quiere la paz del lobo y la del “mundo feliz”?

La sustancia (y no hablo de la película de Demi Moore)

Decía Woody Allen en Interiores  que la vida no imita al arte, sino a la mala televisión. Si el neoyorquino hubiera leído con atención el li...