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lunes, 29 de abril de 2024

Minimalismo Estoico: La Vida Despojada en 'Into the Wild' ('Hacia rutas salvajes')



Chris McCandless, el protagonista de "Into the Wild", no era exactamente un estoico de libro, pero su drástica elección de abandonar la sociedad y buscar la simplicidad en la naturaleza salvaje de Alaska resuena con la filosofía estoica de reducir la vida a lo esencial. Como aquellos sabios de la antigua Grecia y Roma, Chris buscaba una existencia no atada por los excesos del materialismo moderno, aunque quizás olvidó llevar un mapa.

El estoicismo no promueve necesariamente lanzarse al bosque sin más compañía que los pensamientos de uno mismo, pero sí aboga por una vida donde los placeres superficiales son vistos con escepticismo. Marco Aurelio, con su barba imperial y su mirada penetrante, probablemente habría aprobado la mochila ligera de McCandless, aunque quizás le habría sugerido llevar algo más de provisiones.



"Into the Wild" se convierte así en un eco moderno de los textos estoicos, donde la felicidad se busca en la aceptación de lo que es, en lugar de en la acumulación de lo que podría ser. Chris, con su viaje hacia los confines helados y su trágico final, ilustra el extremo de un ideal estoico: que puedes ser el rey de tu mundo si renuncias al trono de los deseos materiales.

Este relato no solo nos invita a reflexionar sobre cuánto necesitamos para ser felices, sino también sobre cuánto podríamos dejar atrás. En una sociedad que a menudo mide el éxito en términos de acumulación, la historia de Chris ofrece una perspectiva cruda pero poderosa sobre el minimalismo como liberación.



viernes, 8 de noviembre de 2019

¿Feliz o libre?

Subí un post a instagram con cierta pregunta tendenciosa. Es decir, "si te obligaran a elegir, ¿libertad o felicidad?". Digo tendenciosa, porque en realidad deseamos ser felices en libertad. 
Pongo un texto de Robert Spaemann:

"Hagamos un experimento mental: imaginemos un hombre que está fuertemente atado sobre una mesa en una sala de operaciones. Está bajo el efecto de los narcóticos. Se le ha introducido unos hilos en la cubierta craneal, que llevan unas cargas exactamente dosificadas a determinados centros nerviosos, de modo que este hombre se encuentra continuamente en un estado de euforia; su rostro refleja gran bienestar. El médico que dirige el experimento nos explica que este hombre seguirá en ese estado, al menos, diez años más. Si ya no fuera posible alargar más su situación se le dejaría morir inmediatamente, sin dolor, desconectando la máquina”.  (Robert Spaemann, Ética, páginas 38-43).
¿Es este un hombre feliz sin libertad? Si el médico nos invita a subir a la camilla y "ser feliz" como él, ¿qué le diríamos?

lunes, 9 de abril de 2018

La leyenda del buscador, 5: o el resacón en Las Vegas

Como la frivolidad y la verdad no son muy buenas compañeras, el buscador dejó atrás a ese actor tan desustanciado. Y no es que no se lo pasara bien con él, no. Se corrían unas juergas dignas de Baco, más aún Baco tomaba nota cuando las veía, pero ¿qué ocurría el día siguiente? La resaca... En México tienen una palabra más gráfica, siempre relacionada con términos culinarios: la cruda. Sí, la cruda realidad. El buscador se daba cuenta de que la diversión no constituía un elemento más de la vida, un accesorio integrado en una vida plena, sino más bien una huida de una existencia vacía. Algo pasa cuando bebes tanto que pierdes la consciencia, es decir, esa capacidad que tenemos los humanos para no perder el contacto con la realidad.
El buscador pensaba estas cosas mientras reemprendía su obligación: "busco porque mi nombre así me lo exige: me llamo humano".




viernes, 7 de marzo de 2014

¿Hay que ser libre para ser feliz?



Cuando he preguntado a mis alumnos si la sociedad de la novela de Aldous Huxley, 
Un mundo feliz, es feliz, coinciden en responder que no. Y la razón que dan es que no pueden ser felices porque están condicionados a hacer lo que hacen y a sentirse a gusto con ello y, en consecuencia, no son libres. Establecen una relación directa entre felicidad y libertad. Pero mirándolo fríamente: quien hace aquello para lo que ha nacido y le gusta lo que hace en la vida, debería ser feliz, ¿no?

Sí, seguramente, pero no es la imagen que tenemos de felicidad. Tenemos que ser felices como nos dé la gana. Esto es lo que le ocurre a Bernard Marx, uno de los personajes. Una gran intuición, porque parece que precisamente las utopías consisten en quitar la libertad de los individuos con la intención de que la responsabilidad pase de la persona a la sociedad. Libertad implica responsabilidad y la responsabilidad es una gran carga. ¿Quién puede conocer las consecuencias de sus decisiones?




jueves, 22 de marzo de 2012

"La felicidad es inmoral"

Kant (1724-1804) era sesudo, metódico y cabezón. Dicen que al verle pasar por la calle, la gente ponía el reloj en hora, porque siempre hacía todo puntualmente a la misma hora. Además cuentan que su capacidad craneal era de las más grandes que se han conocido en la historia del homo sapiens.
A diferencia de Aristóteles, Kant plantea la vida ética de otra manera. El centro de su pensamiento se encuentra en la búsqueda de las "condiciones de posibilidad". Es decir, la búsqueda de lo imprescindible para que pueda darse una realidad. Por ejemplo, en la "crítica de la razón pura", va estableciendo las "condiciones de posibilidad" de la ciencia; o sea, la búsqueda de todos aquellos elementos que hacen posible la ciencia. 
Esta búsqueda de las condiciones de posibilidad le lleva también al terreno de la ética o moral. ¿Qué condiciones deben darse para que el comportamiento de una persona sea ético o moral? Podría resumirse en el llamado "imperativo categórico": "obra de tal modo que siempre puedas querer que tu máxima (tu criterio) se convierta en una ley universal". Es decir, que aquel principio o convicción en el que te has basado para obrar de una cierta manera, puedas querer que se convierta en ley universal. Otro imperativo categórico aplicado en concreto al ser humano sería este: "Obra de tal manera que siempre el ser humano sea tenido en cuenta como fin y no como medio".
Como se ve, aquí no hay ni justo medio entre extremos, ni virtudes ni objetivos (finalidad). De hecho, según Kant, obrar buscando un premio o por miedo a un castigo obedecería a una forma imperfecta de la moral: el imperativo hipotético. En este sentido, pecando un poco de sensacionalista, he dicho que la felicidad es inmoral, porque, según Kant, comportarse bien para ser feliz es una forma imperfecta del comportamiento ético. El bien hay que hacerlo porque es un deber y punto... o, al menos, eso dice el sesudo

martes, 20 de marzo de 2012

Los mecanismos de la felicidad

Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.) era un gran tío. Además de gran filósofo, insuperable en muchos aspectos, fue, por ejemplo, preceptor de Alejandro Magno.
En su ética a Nicómaco explica los mecanismos de la vida moral del hombre y se basa en realidades muy simples e inteligibles.
Hay un bien, que es el que todo ser humano pretende: la felicidadHay un sujeto que es el que pretende este bien: el ser humano. Entre él y su objetivo hay un trabajo que hacer: este trabajo se llama virtudLa virtud no es más que un hábito (un acostumbrarse a hacer algo) orientado hacia el bien propio, es decir, la felicidad. La virtud, define, consiste en el justo medio entre dos extremos. (Por ejemplo, la valentía es el justo medio entre la cobardía y la temeridad.)
Hay dos tipos de virtudes: las morales y las intelectuales. Cada tipo tiene una virtud  fundamental. Entre las morales encontramos la templanza y entre las intelectuales, la prudenciaSon virtudes un poco genéricas, pero consisten fundamentalmente en lo siguiente: la templanza nos hace contenernos de lo perjudicial y nos impulsa a lo beneficioso; la prudencia, en cambio, nos permite discernir lo perjudicial de lo beneficioso. Como se puede observar, ambas virtudes (ambos grupos de virtudes) no solo se complementan sino que se necesitan mutuamente. El que no es prudente no distingue lo beneficioso de lo perjudicial, con lo cual difícilmente obrará correctamente. Por otro lado, el que no es "templado" (como el hierro, no como la temperatura), aunque sepa lo que le beneficia o le perjudica, no podrá obrar en consecuencia, porque no será capaz. Sus tendencias o instintos serán más fuertes que su determinación.
En definitiva, el hombre feliz, según Aristóteles, es aquel que vive según la virtud, porque discierne lo que le beneficia o le perjudica en orden a la obtención de la felicidad, y es capaz de obrar en consecuencia.

La sustancia (y no hablo de la película de Demi Moore)

Decía Woody Allen en Interiores  que la vida no imita al arte, sino a la mala televisión. Si el neoyorquino hubiera leído con atención el li...