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viernes, 22 de marzo de 2013

No puede ser que lleve 16 años dormida


¿Coincide nuestra percepción con la realidad? El sentido común nos dice que a aquellas personas con deficiencias sensoriales les resulta más difícil la relación con el medio. La vida de un ciego y sordo, por ejemplo, peligraría en una ciudad sin ayuda adecuada.

Por eso, por un hecho tan básico como el de la supervivencia, se podría decir que nuestros sentidos son adecuados para el medio en que desarrollamos nuestra vida.

Sin embargo, Descartes dice que a lo mejor estamos soñando, que a lo mejor el mundo en que vivimos no es real. Ante esto no me cabe más opción que tirar de la sabiduría de una adolescente, que me dijo: "No puede ser que yo lleve 16 años dormida". No es un argumento muy científico, pero está cargado de sentido común.

Ahora bien, ¿todo lo que percibimos se encuentra tal cual en el mundo o es todo lo que hay en el mundo? Pues no. Hay aspectos del medio que nos rodea que sabemos que no podemos percibir. Por ejemplo, los perros captan los ultrasonidos, pero nosotros no. Entonces, ¿qué más hay en el mundo que no somos capaces de percibir? ¿Vivimos rodeados de realidades ocultas? Sería, entonces, injustificada el famoso "A veces veo muertos...".



viernes, 8 de marzo de 2013

Más chuletón "matriciero"


El chuletón inexistente que Cifra se estaba comiendo en Matrix, no es un hecho aislado dentro de una película marginal.

El mito de la caverna de Platón nos habla de una vida irreal de sombras. Descartes dudaba de la realidad que vivía porque alguna vez soñó que estaba no estaba durmiendo, y no podía asegurar que el momento en que escribía esa idea, estuviera despierto de verdad. Berkeley negaba la existencia del mundo; para él solo existían las percepciones, puestas en nuestros sentidos por un Dios que más bien parece un aparato de realidad virtual. Calderón de la Barca hace vivir al pobre Segismundo una situación en la que se le informa más de una vez de que lo anterior que el creía vivir en realidad era un sueño.

En nuestros días podemos encontrar películas que plasman en celuloide esta preocupación. En Matrix se ve descaradamente: todos viven una irrealidad, una vida falsa. Pero no es la única. Los sustitutos, por ejemplo, plantea un mundo en el que la gente vive la vida, no en persona, sino a través de unos robots. La Isla también plantea una sociedad ficticia que, como Matrix, ha sido creada con un fin instrumental.

Otra película destacable es Shutter Island en la que Leonardo di Caprio toma el papel de un agente judicial cuya mente inventa un mundo en el que resguardarse de la realidad, que es demasiado dura para ser asumida. Algo parecido se puede leer en Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena. La psique nos puede hacer ver lo que no es.
En fin, el mundo que nos rodea es un misterio. ¿La vida que vivimos es real o es solo apariencia? ¿Se puede rasgar lo que se muestra, para descubrir la verdad?

martes, 29 de enero de 2013

Del chuletón a la locura

Matrix (1999) es una película de una hechura cinematográfica digna de verse. Los efectos especiales de las escenas de acción han marcado un estilo. Sin embargo, en este largometraje se encierran ideas e inquietudes que han acompañado al ser humano desde los principios de su existencia. Lo más inquietante es el miedo que rezuma a la posibilidad de que la vida que estamos viviendo no sea real. René Descartes (1586-1650) también manifiesta esta preocupación. Alguna vez, reflexionaba él, he tenido un sueño en el que pensaba que estaba despierto y, sin embargo, al despertarme, me daba cuenta de que estaba dormido. ¿Podría ocurrir, entonces, que lo que estoy viviendo ahora mismo sea un sueño?
Con la ayuda de los conocimientos tecnológicos, sobre todo en lo que se refiere a informática, el director de Matrix expresa este miedo en una especie de sueño del que no podemos despertar por nosotros mismo. Los seres humanos  viven rodeados de un entorno que parece real, con el que interaccionan, en el que viven aparentemente una vida normal. Sin embargo, están inmersos en un mundo virtual, simulado, que oculta la realidad: ya que, de hecho, viven en unas cápsulas, en posición fetal, conectados por cables y proporcionan electricidad a las máquinas, que son las que dominan el mundo. Cifra, el traidor, comenta al agente Smith que el filete que se va a meter en la boca no es real, no existe, y, sin embargo, lo encuentra delicioso. En su negociación con los agentes pide que, tras entregar a  Morfeo quiere ser reinsertado en Matrix, ser rico, alguien importante y no acordarse de nada de lo vivido en el mundo real.
Cifra se parece muy peligrosamente a una de las actitudes que se muestran con fuerza en  El Árbol de la ciencia de Pío Baroja (1872-1956). En ambos casos se concluye que que la vida mejor vivida es aquella que deja de lado la realidad para rodearse de un mundo de ficción hecho a la propia medida. Pío Baroja no conocía ni podía siquiera imaginar algo semejante a Matrix, de manera que afirma que si el más feliz es el que está desconectado  de la realidad, entonces para ser feliz hay que estar loco.





martes, 8 de mayo de 2012

La música de fondo del mundo

Arthur Schopenhauer
¿Qué tiene la música que es capaz de hacernos recordar lugares, personas y sentimientos? ¿Cómo consigue pulsar algo dentro de nosotros que nos envuelve en un aura estética y emocional? Se trata quizá de la más espiritual de las artes: es intangible. El instrumento se percute, se sopla, se roza, se pulsa... pero la música... la música es como una hermana del alma. Arthur Schopenhauer (1788 - 1860), uno de los filósofos más pesimistas que ha conocido la faz de la tierra, colocó la música en un lugar insospechado. Podríamos decir que la considera el fondo del mundo


Kant (1724 - 1804) dijo que lo único que podemos conocer científicamente del mundo es lo que se nos muestra (los fenómenos). Si hay algo más allá de los fenómenos (a lo cual él llama noúmeno), no podemos conocerlo científicamente. Por tanto, lo lógico, según Kant, es dejarlo de lado. Todo intento de tratar con el noúmeno se convierte en opinión o como mucho en poesía, nunca en ciencia. De ahí que diga que la metafísica (la que estudia lo que está más allá de lo físico) es imposible como ciencia. Sin embargo, Schopenhauer opina que más allá de lo que vemos, tocamos, etc. hay una fuerza irracional que, en la naturaleza, se manifiesta en sus impetuosos fenómenos naturales y, en nosotros, los humanos, se manifiesta en la voluntad de vivir. Y la llama genéricamente voluntad. Se trata de una fuerza que nos supera, que nos trasciende y es previa a cada individuo. En este contexto, la música tiene la capacidad de traer al mundo fenómenico (el que se percibe por los sentidos) esa voluntad irracional que está debajo de los fenómenos, es decir, el fondo del mundo. Por eso, se puede decir que la música constituye un lenguaje universal, porque expresa algo que está en el fondo de todo y del que todos somos partícipes.


No voy a decir que no sea enrevesado, pero, después de leer a Schopenhauer, uno comprende que la música no son simples sonidos embellecidos: la música toca directamente el alma, o acaso viene de ella. "Detrás de las notas", dice Riccardo Muti en este simpático y profundo vídeo , "habita el infinito... es decir, Dios". 



La sustancia (y no hablo de la película de Demi Moore)

Decía Woody Allen en Interiores  que la vida no imita al arte, sino a la mala televisión. Si el neoyorquino hubiera leído con atención el li...