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viernes, 22 de marzo de 2013

No puede ser que lleve 16 años dormida


¿Coincide nuestra percepción con la realidad? El sentido común nos dice que a aquellas personas con deficiencias sensoriales les resulta más difícil la relación con el medio. La vida de un ciego y sordo, por ejemplo, peligraría en una ciudad sin ayuda adecuada.

Por eso, por un hecho tan básico como el de la supervivencia, se podría decir que nuestros sentidos son adecuados para el medio en que desarrollamos nuestra vida.

Sin embargo, Descartes dice que a lo mejor estamos soñando, que a lo mejor el mundo en que vivimos no es real. Ante esto no me cabe más opción que tirar de la sabiduría de una adolescente, que me dijo: "No puede ser que yo lleve 16 años dormida". No es un argumento muy científico, pero está cargado de sentido común.

Ahora bien, ¿todo lo que percibimos se encuentra tal cual en el mundo o es todo lo que hay en el mundo? Pues no. Hay aspectos del medio que nos rodea que sabemos que no podemos percibir. Por ejemplo, los perros captan los ultrasonidos, pero nosotros no. Entonces, ¿qué más hay en el mundo que no somos capaces de percibir? ¿Vivimos rodeados de realidades ocultas? Sería, entonces, injustificada el famoso "A veces veo muertos...".



viernes, 9 de noviembre de 2012

"La conversión al fantasma"

No pretendo hablar de espectros que vagan con una sábana y cadenas por los pasillos de castillos medievales embrujados. Ni siquiera del pobre fantasma de Canterville, a quien el pragmatismo americano redujo al ridículo, según la irónica pluma de Oscar Wilde. Tomás de Aquino (1225-1274), dentro de su teoría del conocimiento, llamaba phantasma a la imagen sensible mental que resultaba de la percepción (ver: El caos de los sentidos (una anécdota personal)). Sobre esta imagen sensible que guardamos en nuestra mente gracias a lo percibido a través de los sentidos, la inteligencia va extrayendo elementos inteligibles  hasta que es capaz de producir un concepto universal. A esta operación intelectual en la que la inteligencia "va a buscar" los elementos universales en la imagen sensible (o phantasma) la llamó el Aquinate conversio ad phantasma, es decir, el retorno de la inteligencia a la imagen que los sentidos han producido en nuestra mente.

lunes, 18 de junio de 2012

El caos de los sentidos (una anécdota personal)

Aunque no era la idea de este blog, voy a contar una anécdota personal. Si se pueden utilizar fotografías y secuencias de películas para dar soporte a las ideas, ¿por qué no una anécdota personal? Las ideas no nacen solas, ¿no? Se basan en el mundo que nos rodea. Primero, la admiración, después la pregunta sobre el porqué. 
Pues bien, hace no mucho, me ocurrió algo sorprendente. No me había sucedido nunca: me desmayé cuando una enfermera pretendía extraerme sangre. Sentí un mareo y así se lo hice saber a la enfermera. Lo siguiente que recuerdo es que ya no me encontraba sentado, sino decubito supino, que es lo mismo que decir tumbado de espaldas. Vi la luz del techo y varios rostros de enfermeras que me miraban. Una me estaba colocando algo debajo de la nariz, supongo que alcohol, para que espabilara. Pero lo que más me sorprendió es que comencé a oír un ruido como de fondo, un barullo, una corriente de sonido sin forma, que no acababa de identificar de dónde procedía. Las enfermeras me miraban y abrían y cerraban los labios. Es decir, hablaban conmigo, pero no oía su voz, sino solo ese ruido amorfo.
La teoría del conocimiento de Tomás de Aquino (1224-1274) dice que los sentidos reciben datos cada uno según su especie, pero estos datos son singulares y caóticos. Sin embargo, nosotros percibimos que el mundo está organizado y más que estímulos sensoriales, percibimos objetos unificados, es decir, una realidad externa con sentido. El paso de lo singular y caótico a lo unificado y organizado, lo realizan, según, el Aquinate, los sentidos internos, sobre todo el de la percepción.
Interpreto que , cuando desperté, mis sentidos internos estaban todavía traspuestos y no eran capaces de organizar todos los datos que les llegaban a través de los sentidos externos. De manera que el sonido era interpretado por mi cerebro como una única masa de ruido, sin poder cribar los sonidos individuales, ni poder dilucidar su origen.

domingo, 1 de abril de 2012

El obispo Berkeley no ha visto Matrix


En el siglo primero antes de Cristo ya dijo Cicerón (106 aC - 43 aC) que no había tontería que no hubiera sido dicha por algún filósofo. Veinte siglos después seguramente podremos encontrar muchas más versiones de cualesquiera de esas tonterías.
Por ello, la idea de vivir en un mundo irreal, presentada en la película Matrix (1999), no es ni mucho menos original. Ha sido propuesta, por ejemplo, por Descartes (1596-1650) como parte de su duda metódica. Si a veces hemos confundido el sueño con la realidad, diría él, ¿cómo sabemos que no lo confundimos siempre? O por Calderón de la Barca (1600 - 1681): "¿Qué es la vida? Un frenesí / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción. / Y el mayor bien es pequeño, / que toda la vida es sueño / y los sueños sueños son". 
Quizá la novedad de Matrix reside en el hecho de que un programa informático proyecta directamente en los sentidos de las personas lo que deben percibir, sin ser ello real, sino una simple simulación.
A caballo entre los siglos XVII y XVIII existió un británico llamado George Berkeley (1685-1753) que sostenía que la existencia del mundo no era más que una creencia sin fundamento. Lo que nosotros percibimos a través de los sentidos no son más que estimulaciones que Dios pone directamente en nuestros sentidos. El mundo físico, por tanto, sólo existe en nuestros sentidos, en forma de estímulo. Uno puede pensar que el colega Berkeley estaba pirado, o que el día que se le ocurrió esto, no había controlado la hierba que se fumó. Seguramente no hay que hacerle mucho caso. No lo niego, pero su sistema es prácticamente irrefutable. ¿No es inquietante? ¿Y si tenía razón?

La sustancia (y no hablo de la película de Demi Moore)

Decía Woody Allen en Interiores  que la vida no imita al arte, sino a la mala televisión. Si el neoyorquino hubiera leído con atención el li...