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domingo, 20 de mayo de 2012

2012: toca fin del mundo, ¿no?


Estamos en 2012 y está de moda el fin del mundo. Algunos dicen que el calendario maya ha dictado que este año se nos acaba la estancia en nuestra tierra, lugar tan lleno de belleza como de lágrimas. También, en el mundo occidental ha habido quienes han pretendido descubrir el fin de los tiempos. 
Según el Apocalipsis, el último libro de la Biblia y probablemente el más simbólico de todos ellos, antes del fin de la historia tienen que pasar mil años en los que reine Cristo y el diablo esté encerrado en el abismo. Después vendrá la lucha definitiva contra el mal, el fin del mundo y el juicio final. La palabra milenarismo proviene de estos “mil años”. De hecho, se trata de esa doctrina que piensa que estos mil años llegarán, y que después acabará la historia.
Los milenaristas se dedicaron a calcular, a través de los datos de la Biblia, cuándo se produciría el fin del mundo. Algunos lo calcularon muy cercano, sobre todo en los primeros siglos del cristianismo. El mismo san Pablo tuvo que intervenir en una ocasión conminando a los fieles de Tesalónica a que dejaran de llevar una vida ociosa, porque se imaginaban tan cercano el fin del mundo, que incluso habían dejado el trabajo. “Quien no quiera trabajar”, decía Pablo, “que no coma” (2Tes 3,10).
En definitiva, la palabra milenarismo se ha asociado con aquellas doctrinas que creen que pueden calcular la fecha del fin del mundo o que la perciben inminente.



jueves, 19 de abril de 2012

¿Creación o "Big Bang"? A lo mejor no importa tanto


"Al principio creó Dios el cielo y la tierra". Así comienza el libro del Génesis, el primero de la Biblia. A pesar de que un ateo o un agnóstico podría reírse de esta frase por nombrar a Dios y olvidarse del Big Bang, estas palabras han cambiado la forma de ver el mundo y han configurado nuestra mentalidad cultural como occidentales.
Los griegos y los romanos concebían la historia cíclicamente. Los días, las estaciones, las cosechas... todo volvía a repetirse. De ahí el famoso dicho latino: Nihil novi sub sole (nada nuevo bajo el sol). También la historia humana, insertada dentro de los ciclos naturales debía ser, por tanto, cíclica.
Sin embargo, un pueblo semítico, llamado hebreo, estaba convencido de que la historia era lineal. La historia de los hombres tenía un principio y un fin. El mundo había sido creado por un único Dios, quien con su Providencia acompañaba a los hombres hasta la consumación de la historia.
Del judaísmo surgió el cristianismo, que no modificó esta concepción de la historia. Y del cristianismo la hemos heredado todos los europeos y una buena parte del resto del mundo.
El dogma cristiano de la segunda venida de Cristo introdujo en el imaginario cultural la idea de que la humanidad avanza hasta ese momento culmen, que implica el final de la Historia, el juicio final y el cielo o el infierno. Llamaremos progresismo cristiano a esa forma de pensar que cree que la historia avanza hacia un punto álgido, guiada por la Providencia, hasta la segunda venida de Cristo.
Los iluministas contemporáneos de la revolución francesa habían descartado a Dios, pero se quedaron con la concepción lineal de la Historia. Uno de ellos, un tal Condorcet (1743-1794), había concebido que la historia progresa y cada etapa es mejor que la anterior, a no ser que haya períodos oscuros y bárbaros, como, según él, la Edad Media. Por supuesto, esto le llevaba a concluir que su propia época era la mejor de la historia.
Pero, si heredaron del cristianismo el concepto de historia lineal progresante, pero sin Dios, sin venida de Cristo, sin cielo ni infierno eternos, ¿hacia qué progresa el ser humano? Si se quiere mantener el concepto de progreso lineal hay que sustituir ese punto álgido, esa culminación de la historia. El ser humano avanza hacia la consecución de lo máximo que quiera y desee alcanzar. Y esto se puede ver de dos maneras. 1) lograr la mejor versión del ser humano (¿hacerse similar a Dios?) o 2) conseguir el paraíso en la tierra. Marx (1818-1883), por ejemplo, sitúa el final de la historia en el momento en que la humanidad alcanza el comunismo real.
Como se ve se trata de conceptos religiosos laicizados, porque el progreso indefinido del hombre en la historia es un calco laico del progresismo cristiano. Y la necesidad de que lo que venga luego sea mejor que lo que hay, sólo por el hecho de que lo hace el ser humano, obedece a un acto de fe tan grande o más que el del cristiano en la segunda venida de Cristo.

La sustancia (y no hablo de la película de Demi Moore)

Decía Woody Allen en Interiores  que la vida no imita al arte, sino a la mala televisión. Si el neoyorquino hubiera leído con atención el li...