Sobre mí

viernes, 8 de marzo de 2013

Más chuletón "matriciero"


El chuletón inexistente que Cifra se estaba comiendo en Matrix, no es un hecho aislado dentro de una película marginal.

El mito de la caverna de Platón nos habla de una vida irreal de sombras. Descartes dudaba de la realidad que vivía porque alguna vez soñó que estaba no estaba durmiendo, y no podía asegurar que el momento en que escribía esa idea, estuviera despierto de verdad. Berkeley negaba la existencia del mundo; para él solo existían las percepciones, puestas en nuestros sentidos por un Dios que más bien parece un aparato de realidad virtual. Calderón de la Barca hace vivir al pobre Segismundo una situación en la que se le informa más de una vez de que lo anterior que el creía vivir en realidad era un sueño.

En nuestros días podemos encontrar películas que plasman en celuloide esta preocupación. En Matrix se ve descaradamente: todos viven una irrealidad, una vida falsa. Pero no es la única. Los sustitutos, por ejemplo, plantea un mundo en el que la gente vive la vida, no en persona, sino a través de unos robots. La Isla también plantea una sociedad ficticia que, como Matrix, ha sido creada con un fin instrumental.

Otra película destacable es Shutter Island en la que Leonardo di Caprio toma el papel de un agente judicial cuya mente inventa un mundo en el que resguardarse de la realidad, que es demasiado dura para ser asumida. Algo parecido se puede leer en Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena. La psique nos puede hacer ver lo que no es.
En fin, el mundo que nos rodea es un misterio. ¿La vida que vivimos es real o es solo apariencia? ¿Se puede rasgar lo que se muestra, para descubrir la verdad?

martes, 29 de enero de 2013

Del chuletón a la locura

Matrix (1999) es una película de una hechura cinematográfica digna de verse. Los efectos especiales de las escenas de acción han marcado un estilo. Sin embargo, en este largometraje se encierran ideas e inquietudes que han acompañado al ser humano desde los principios de su existencia. Lo más inquietante es el miedo que rezuma a la posibilidad de que la vida que estamos viviendo no sea real. René Descartes (1586-1650) también manifiesta esta preocupación. Alguna vez, reflexionaba él, he tenido un sueño en el que pensaba que estaba despierto y, sin embargo, al despertarme, me daba cuenta de que estaba dormido. ¿Podría ocurrir, entonces, que lo que estoy viviendo ahora mismo sea un sueño?
Con la ayuda de los conocimientos tecnológicos, sobre todo en lo que se refiere a informática, el director de Matrix expresa este miedo en una especie de sueño del que no podemos despertar por nosotros mismo. Los seres humanos  viven rodeados de un entorno que parece real, con el que interaccionan, en el que viven aparentemente una vida normal. Sin embargo, están inmersos en un mundo virtual, simulado, que oculta la realidad: ya que, de hecho, viven en unas cápsulas, en posición fetal, conectados por cables y proporcionan electricidad a las máquinas, que son las que dominan el mundo. Cifra, el traidor, comenta al agente Smith que el filete que se va a meter en la boca no es real, no existe, y, sin embargo, lo encuentra delicioso. En su negociación con los agentes pide que, tras entregar a  Morfeo quiere ser reinsertado en Matrix, ser rico, alguien importante y no acordarse de nada de lo vivido en el mundo real.
Cifra se parece muy peligrosamente a una de las actitudes que se muestran con fuerza en  El Árbol de la ciencia de Pío Baroja (1872-1956). En ambos casos se concluye que que la vida mejor vivida es aquella que deja de lado la realidad para rodearse de un mundo de ficción hecho a la propia medida. Pío Baroja no conocía ni podía siquiera imaginar algo semejante a Matrix, de manera que afirma que si el más feliz es el que está desconectado  de la realidad, entonces para ser feliz hay que estar loco.





miércoles, 2 de enero de 2013

Entretenidos hasta la muerte

A veces no hace falta recurrir a filósofos de carrera para encontrar verdades como puños. El gran Roger Waters compuso una canción titulada Amused to death. La primera vez que la escuché me pareció que tenía un título muy ingenioso,un retruécano digno del mismo Quevedo. Sin embargo, solo hay que mirar un poco alrededor cuando se sale a la calle o se está en una sala de espera o en un transporte público para darse cuenta de que cada vez tiene más razón: el juego de palabras se está convirtiendo en una realidad. Cada vez hay más gente que en cuanto sus sentidos dejan de estar estimulados durante unos segundos meten enseguida la mano en el bolsillo y sacan el móvil para que supla la carencia de estímulos.¡Entreténme, oh gran Android (o IOS, claro)! ¡Ofréceme tu procesador de "n" núcleos y tu pantalla capacitiva multitáctil para divertirme! ¡Sálvame de la inacción que podría hacer que me encontrara conmigo mismo! Pero, ¡qué tendrá el móvil que tanto nos absorbe la atención! Hace poco me dijeron: "Los smartphones son fantásticos: te permiten tener comunicación instantánea!". Y yo le respondí: "¿Y qué estamos haciendo tú y yo ahora mismo si no enviarnos mensajes instantáneos a través de la voz? Esta una forma muuuuuy antigua de mensajería instantánea: se llama conversación".




lunes, 26 de noviembre de 2012

25-N y la resaca electoral: mensaje a los políticos

Hoy es 26 de noviembre de 2012, día de resaca de unas elecciones catalanas que iban a ser históricas. Un apunte filósofico para los políticos en general. 
Platón (427-347 aC), el gran Platón, sabio donde los haya habido, ese filósofo famoso por sus Ideas, esas que vivían en otro mundo, y por el mito de la caverna, etc, etc., a veces tenía momentos de gran lucidez. Quizá me he expresado mal. El tío vivía en lúcido, por así decirlo. Su mente era privilegiada, quiero decir, pero algunas veces al leerlo, merece que el lector se ponga en pie y aplauda.
En el libro III de La República, Platón explica de forma dialogada, cómo debería construirse un país ideal. Habla de la formación de los jóvenes en la música y la gimnasia; habla de los artesanos y de los soldados y de cómo deberían comportarse. Pero lo mejor llega cuando aborda el tema de los gobernantes. De estos dice: "Deberemos ponerlos a prueba de trabajos, de combates, de dolor y ver cómo aguantan todo ello...",  porque a lo mejor no son capaces de soportar las responsabilidades o las tentaciones de corrupción.
¡Ay, Platón! ¡Cuánto se te echa de menos!

viernes, 23 de noviembre de 2012

Dios soy yo.

Ludwig Feuerbach (1804-1872)
Un día un compañero del trabajo en su estado habitual de currante, es decir, estresado, soltó un exabrupto en el que se incluía la palabra "Dios" y no de una forma muy respetuosa. Una chica saltó y le pidió que, por favor, no se expresara de aquella manera. Entonces el aludido comentó: "siempre que se nombra a Dios sale alguien que se molesta. ¿Es que crees en Dios? Dios no existe. Si acaso Dios soy yo".
Solo le hubiera faltado citar a FeuerbachLudwig Feuerbach (1804-1872) pertenecía a un grupo llamado "izquierda hegeliana", una especie de discípulos sectarios del monumental Hegel (1770-1831). Se contraponían a la derecha hegeliana (¡qué original! Sería muy largo explicar las diferencias).
Feuerbach era un cachondo. La forma en que criticaba la religión (de hecho por esto se le conoce) se basaba fundamentalmente en que Dios no es más que las proyecciones de las aspiraciones imposibles que viven dentro de nuestro corazón humano. Por tanto, hay que dejar la teología (el estudio racional de Dios) y centrarse en el estudio de la antropología (el estudio racional del hombre), porque, como diría mi inestimable colega: "Dios soy yo".

viernes, 9 de noviembre de 2012

"La conversión al fantasma"

No pretendo hablar de espectros que vagan con una sábana y cadenas por los pasillos de castillos medievales embrujados. Ni siquiera del pobre fantasma de Canterville, a quien el pragmatismo americano redujo al ridículo, según la irónica pluma de Oscar Wilde. Tomás de Aquino (1225-1274), dentro de su teoría del conocimiento, llamaba phantasma a la imagen sensible mental que resultaba de la percepción (ver: El caos de los sentidos (una anécdota personal)). Sobre esta imagen sensible que guardamos en nuestra mente gracias a lo percibido a través de los sentidos, la inteligencia va extrayendo elementos inteligibles  hasta que es capaz de producir un concepto universal. A esta operación intelectual en la que la inteligencia "va a buscar" los elementos universales en la imagen sensible (o phantasma) la llamó el Aquinate conversio ad phantasma, es decir, el retorno de la inteligencia a la imagen que los sentidos han producido en nuestra mente.

martes, 9 de octubre de 2012

Palabras superinfladas

Guillermo de Ockham (1280-1349), el de la navaja, (http://goo.gl/3xeVS) era de la opinión que lo importante en el mundo es lo particular y no lo universal. Así que, ¿cómo explicaba la existencia en nuestra inteligencias de conceptos universales? Simplemente decía que se trata de palabras, palabras superinfladas o flatus vocis. Es decir, una especie de exceso de nuestra mente. A esta postura respecto del problema de los universales se le llama Nominalismo. El Nominalismo defiende que los conceptos universales que tenemos en nuestra mente no son tales, sino simples palabras que agrupan diferentes objetos concretos del mundo. O sea, como grandes bolsas en la que caben muchas cosas. 
Siguiendo el tema de los universales (http://goo.gl/dqp8e), según los nominalistas no existen los conceptos, sino solo las palabras; al contrario que Platón que pensaba que las ideas preexistían en el Hiperuranio y el contacto con los objetos particulares nos hacían recordar esas ideas que ya habíamos visto en ese mundo por encima del cielo (http://goo.gl/Ki3uG).

La sustancia (y no hablo de la película de Demi Moore)

Decía Woody Allen en Interiores  que la vida no imita al arte, sino a la mala televisión. Si el neoyorquino hubiera leído con atención el li...