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lunes, 26 de marzo de 2012

La ley que nunca se ha escrito


Cuando un diputado encorbatado se sienta en su despacho, portátil en ristre, dispuesto a escribir una ley para “beneficio” de los ciudadanos, ¿qué concepto de la ley tiene en mente? ¿Se cree capaz de legislar sobre todo lo que se le ocurra, como el rey del Principito, que da órdenes a los mismísimos astros, o hay aspectos de la vida humana sobre las que no tiene jurisdicción? A ver si nos aclaramos y llegamos al punto en cuestión: ¿Hay algún tipo de ley natural, situada sobre las leyes humanas?
Marco Tulio Cicerón (106 aC – 46 aC), experto retórico y tenaz político romano, escribió un discurso para defender ante el juez a un señor llamado Milón. El famoso Pro Milone (o Discurso en defensa de Milón) pretende conseguir que se absuelva al defendido, al que se le acusa del homicidio de un tal Clodio. Cicerón basa su caso en el hecho de que Milón mató a Clodio en defensa propia. Y, si esto no está escrito en ninguna ley romana, no importa, porque hay otra ley aun más importante. Dice en el discurso:
“Ciertamente no solo es justo, sino incluso necesario defenderse de la violencia con violencia. [...] Hay, jueces, una ley no escrita, sino innata; que no aprendimos ni recibimos ni leímos, sino que de la misma naturaleza la extrajimos, absorbimos, exprimimos; para la cual no estamos enseñados, sino hechos, no instruidos sino imbuidos, de manera que, si nuestra vida corriera peligro por cualquier tipo de insidia, por violencia y armas de unos ladrones o enemigos, toda razón honesta está de parte de conservar la salud” (Pro Milone, 10).
Este pequeño texto daría para mucho, pero extendernos, lo que se dice extendernos... hoy no... ¡mañana!

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