martes, 29 de enero de 2013

Del chuletón a la locura

Matrix (1999) es una película de una hechura cinematográfica digna de verse. Los efectos especiales de las escenas de acción han marcado un estilo. Sin embargo, en este largometraje se encierran ideas e inquietudes que han acompañado al ser humano desde los principios de su existencia. Lo más inquietante es el miedo que rezuma a la posibilidad de que la vida que estamos viviendo no sea real. René Descartes (1586-1650) también manifiesta esta preocupación. Alguna vez, reflexionaba él, he tenido un sueño en el que pensaba que estaba despierto y, sin embargo, al despertarme, me daba cuenta de que estaba dormido. ¿Podría ocurrir, entonces, que lo que estoy viviendo ahora mismo sea un sueño?
Con la ayuda de los conocimientos tecnológicos, sobre todo en lo que se refiere a informática, el director de Matrix expresa este miedo en una especie de sueño del que no podemos despertar por nosotros mismo. Los seres humanos  viven rodeados de un entorno que parece real, con el que interaccionan, en el que viven aparentemente una vida normal. Sin embargo, están inmersos en un mundo virtual, simulado, que oculta la realidad: ya que, de hecho, viven en unas cápsulas, en posición fetal, conectados por cables y proporcionan electricidad a las máquinas, que son las que dominan el mundo. Cifra, el traidor, comenta al agente Smith que el filete que se va a meter en la boca no es real, no existe, y, sin embargo, lo encuentra delicioso. En su negociación con los agentes pide que, tras entregar a  Morfeo quiere ser reinsertado en Matrix, ser rico, alguien importante y no acordarse de nada de lo vivido en el mundo real.
Cifra se parece muy peligrosamente a una de las actitudes que se muestran con fuerza en  El Árbol de la ciencia de Pío Baroja (1872-1956). En ambos casos se concluye que que la vida mejor vivida es aquella que deja de lado la realidad para rodearse de un mundo de ficción hecho a la propia medida. Pío Baroja no conocía ni podía siquiera imaginar algo semejante a Matrix, de manera que afirma que si el más feliz es el que está desconectado  de la realidad, entonces para ser feliz hay que estar loco.





1 comentario:

  1. Pedazo de Spoiler...
    Pero no me digas que, a veces, vivir en la inopia no da una cierta "felicidad". Que viva la pastilla azul (¿o era la roja?), jeje

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