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viernes, 25 de mayo de 2012

Dijo el lobo: ¡Vayamos a pacificar otro rebaño!


Don Camilo y Peppone

Giovanni Guareschi (1908-1968), el famoso escritor de las historias de don Camilo, ese cura descomunal que igual bautizaba que repartía mamporros esgrimiendo algo tan sutil como un banco de la plaza del pueblo, contaba en boca del sacerdote una anécdota muy graciosa. Decía que una vez se acercó un lobo a un redil de ovejas y pidió que le abrieran la puerta. Las ovejas se negaron por razones obvias. Entonces el depredador comenzó a razonar con ellas y a explicarles que él no era un lobo cualquiera, que venía a traerles la paz y la concordia, que tenían un enemigo común que era el hombre, que sus hermanos lobos no lo comprendía… Y tan bien les habló que las convenció. En cuanto le abrieron la puerta, el lobo comenzó el trabajo que le dictaba su instinto: devorar a las pobres pécoras. Cuando se las hubo comido a todas, exclamó: “¡Qué bien! ¡Vayamos a pacificar otro rebaño!”
Con esto quiero decir que hablar de paz está muy bien, pero ¿a qué precio hay que conseguirla?
Aldous Leonard Huxley
Aldous Huxley (1894-1963) escribió un espeluznante libro titulado Brave new world, que el traductor quiso llamar Un mundo feliz. Se sitúa en una sociedad estratificada y perfecta en la que no hay conflictos. La sexualidad no solo es libre sino que se promueve entre los niños como un juego. El sexo está tan separado de la procreación que lo seres humanos son producidos en fábricas con una cadena de montaje de nueve meses en la que se va proporcionando a cada nuevo espécimen los elementos químicos necesarios para su desarrollo. Ahora bien, a algunos se les suministra menos oxígeno en el cerebro que a otros. El objetivo de esto es el acondicionamiento de cada uno a la forma de vida a la que estará destinado. De esta manera, en la sociedad hay individuos de tipo alfa, que son los intelectuales, también beta, gamma, etc. hasta los épsilon que se dedican única y exclusivamente al trabajo manual. Su cerebro es incapaz de cualquier otro tipo de actividad. ¿Y cómo consiguen que todo el mundo esté de acuerdo con aquello a lo que se le destina? Fácil. Durante años se les impone una terapia: durante el sueño se les repite inmisericordemente los lemas que guiarán su vida: trabaja, trabaja, me encanta trabajar, solo quiero trabajar, lo más grande que hay en el mundo es trabajar, no me juntaré con los alfa, etc. He aquí una sociedad perfecta y pacífica.
Pero, ¿quién quiere la paz del lobo y la del “mundo feliz”?

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