Sobre mí

lunes, 26 de noviembre de 2012

25-N y la resaca electoral: mensaje a los políticos

Hoy es 26 de noviembre de 2012, día de resaca de unas elecciones catalanas que iban a ser históricas. Un apunte filósofico para los políticos en general. 
Platón (427-347 aC), el gran Platón, sabio donde los haya habido, ese filósofo famoso por sus Ideas, esas que vivían en otro mundo, y por el mito de la caverna, etc, etc., a veces tenía momentos de gran lucidez. Quizá me he expresado mal. El tío vivía en lúcido, por así decirlo. Su mente era privilegiada, quiero decir, pero algunas veces al leerlo, merece que el lector se ponga en pie y aplauda.
En el libro III de La República, Platón explica de forma dialogada, cómo debería construirse un país ideal. Habla de la formación de los jóvenes en la música y la gimnasia; habla de los artesanos y de los soldados y de cómo deberían comportarse. Pero lo mejor llega cuando aborda el tema de los gobernantes. De estos dice: "Deberemos ponerlos a prueba de trabajos, de combates, de dolor y ver cómo aguantan todo ello...",  porque a lo mejor no son capaces de soportar las responsabilidades o las tentaciones de corrupción.
¡Ay, Platón! ¡Cuánto se te echa de menos!

viernes, 23 de noviembre de 2012

Dios soy yo.

Ludwig Feuerbach (1804-1872)
Un día un compañero del trabajo en su estado habitual de currante, es decir, estresado, soltó un exabrupto en el que se incluía la palabra "Dios" y no de una forma muy respetuosa. Una chica saltó y le pidió que, por favor, no se expresara de aquella manera. Entonces el aludido comentó: "siempre que se nombra a Dios sale alguien que se molesta. ¿Es que crees en Dios? Dios no existe. Si acaso Dios soy yo".
Solo le hubiera faltado citar a FeuerbachLudwig Feuerbach (1804-1872) pertenecía a un grupo llamado "izquierda hegeliana", una especie de discípulos sectarios del monumental Hegel (1770-1831). Se contraponían a la derecha hegeliana (¡qué original! Sería muy largo explicar las diferencias).
Feuerbach era un cachondo. La forma en que criticaba la religión (de hecho por esto se le conoce) se basaba fundamentalmente en que Dios no es más que las proyecciones de las aspiraciones imposibles que viven dentro de nuestro corazón humano. Por tanto, hay que dejar la teología (el estudio racional de Dios) y centrarse en el estudio de la antropología (el estudio racional del hombre), porque, como diría mi inestimable colega: "Dios soy yo".

viernes, 9 de noviembre de 2012

"La conversión al fantasma"

No pretendo hablar de espectros que vagan con una sábana y cadenas por los pasillos de castillos medievales embrujados. Ni siquiera del pobre fantasma de Canterville, a quien el pragmatismo americano redujo al ridículo, según la irónica pluma de Oscar Wilde. Tomás de Aquino (1225-1274), dentro de su teoría del conocimiento, llamaba phantasma a la imagen sensible mental que resultaba de la percepción (ver: El caos de los sentidos (una anécdota personal)). Sobre esta imagen sensible que guardamos en nuestra mente gracias a lo percibido a través de los sentidos, la inteligencia va extrayendo elementos inteligibles  hasta que es capaz de producir un concepto universal. A esta operación intelectual en la que la inteligencia "va a buscar" los elementos universales en la imagen sensible (o phantasma) la llamó el Aquinate conversio ad phantasma, es decir, el retorno de la inteligencia a la imagen que los sentidos han producido en nuestra mente.

martes, 9 de octubre de 2012

Palabras superinfladas

Guillermo de Ockham (1280-1349), el de la navaja, (http://goo.gl/3xeVS) era de la opinión que lo importante en el mundo es lo particular y no lo universal. Así que, ¿cómo explicaba la existencia en nuestra inteligencias de conceptos universales? Simplemente decía que se trata de palabras, palabras superinfladas o flatus vocis. Es decir, una especie de exceso de nuestra mente. A esta postura respecto del problema de los universales se le llama Nominalismo. El Nominalismo defiende que los conceptos universales que tenemos en nuestra mente no son tales, sino simples palabras que agrupan diferentes objetos concretos del mundo. O sea, como grandes bolsas en la que caben muchas cosas. 
Siguiendo el tema de los universales (http://goo.gl/dqp8e), según los nominalistas no existen los conceptos, sino solo las palabras; al contrario que Platón que pensaba que las ideas preexistían en el Hiperuranio y el contacto con los objetos particulares nos hacían recordar esas ideas que ya habíamos visto en ese mundo por encima del cielo (http://goo.gl/Ki3uG).

martes, 18 de septiembre de 2012

¿Mito o realidad?


El lenguaje es el medio por excelencia que usamos los humanos para comunicarnos. Pero, como todo lo humano, tiene sus limitaciones. Las palabras nos refieren a las cosas, a estados de ánimo, a pensamientos… En definitiva, las palabras se corresponden con realidades más o menos familiares. Pero, ¿qué ocurre cuando tenemos que hablar sobre algo de lo que no tenemos experiencia directa?
Para esas ocasiones, Platón optó por el mito. Pero no nos confundamos con la palabra. Mito en griego significa palabra, fábula o cuento. Esopo fue el creador de muchas fábulas, algunas tan famosas como la de la zorra y las uvas. Y siempre concluía sus pequeñas narraciones con esta frase: “o mýthos delói…”, es decir, “la fábula enseña…” O sea que un mito (o una fábula) no es una invención sino un "te voy a enseñar algo, pero lo vas a entender más fácilmente si te lo explico con un relato". En el caso de Platón son famosos algunos de sus mitos, como el de la caverna y el del carro alado, que le sirve para explicar la esencia más profunda de lo que es el ser humano. Dejo un vídeo, que es un trabajo fantástico de unos jovencitos alumnos andaluces.




viernes, 29 de junio de 2012

"Platón, para el carro"

Aristóteles (384-322 aC), que era discípulo de Platón, y un tío muy práctico y observador, le criticó al maestro que tuvieran que existir las formas perfectas de las cosas en una especie de mundo de las ideas, situado más allá del cielo. Por eso, Rafael lo representó en su Escuela de Atenas, hablando con Platón y haciendo un gesto que, a mi modo de interpretar, quiere decir "para el carro" y, también, "baja y pon los pies en el suelo". No señales tanto el cielo, porque lo que un objeto tiene de universal o común respecto de otros objetos está en el mismo objeto, no en un mundo de ideas. Es decir, lo que Platón llamó forma perfecta, no vive en el hiperuranio sino que nuestra inteligencia la abstrae del mismo objeto. Según Aristóteles, hay algo en los objetos que captamos por los sentidos que es común a todos los objetos de su género. Nuestra inteligencia extrae esa forma común y universal a partir de la imagen que nuestra percepción ha creado de ese objeto. Cuando nacemos, nuestra mente es como una tablilla limpia en la que no se ha escrito nada, hasta que aparece el primer concepto, que proviene de la abstracción que hace nuestra inteligencia del material obtenido a través de los sentidos. Mientras que a la postura de Platón se le llama Realismo Exagerado, a esta última de Aristóteles se le denominó Realismo Moderado. Las formas que nos permiten crear el concepto universal existen realmente, pero en el objeto, no en un mundo separado del nuestro. Por eso, Platón señala hacia arriba y Aristóteles le dice que se mantenga en la tierra.


lunes, 25 de junio de 2012

¿Platón estaba en las nubes? No, más arriba

A veces nos hemos encontramos en la tesitura de que el "profe" preguntón de turno nos haya inquirido sobre la materia que se está dando en clase y nos pille absolutamente en blanco, es decir, sin haber estudiado un pijo. Antes del "pues tienes un cero", a lo mejor se nos ha ocurrido decir: "sí que lo sé, es que no me acuerdo".
En nuestra ignorancia, no nos damos cuenta de la carga platónica que tiene esta vil excusa.
Platón (428-347 aC), el griego, dio una peculiar solución al problema de los universales. Como él creía en la metempsicosis (es decir, en la reencarnación), no tuvo ningún problema en afirmar que nuestra alma, antes de estar en este mundo, dentro de nuestro cuerpo, se encontró alguna vez en el Hiperuranio, o sea, más allá del cielo. En este lugar de las almas, no existía la materia y, por tanto, la imperfección. Todo lo que se encontró allí era perfecto. Cuando nuestra alma cayó en un cuerpo, nos situamos en el mundo material y nuestra alma quedó atada, incapaz de ejercer sus capacidades a sus anchas. Mientras está entre carne y hueso no se acuerda del Hiperuranio. Sin embargo, hay alguna excepción: en cuanto nuestros sentidos captan algún  objeto material, nos acordamos de ese mismo objeto, pero en estado perfecto, cuando lo vimos en el Hiperuranio. A esto Platón lo llamaba reminiscencia. El concepto universal es, entonces, el recuerdo de la forma perfecta del objeto imperfecto y particular que captamos por los sentidos. En realidad, ese concepto universal ya estaba en nuestra mente, lo que pasa es que no nos acordábamos. Por eso, según Platón, conocer es recordar. No es extraño, por todo esto, que Rafael representara a Platón en su Escuela de Atenas señalando hacia arriba, más allá de las nubes.

jueves, 21 de junio de 2012

Los universales

A lo largo de la historia del pensamiento, ha habido un problema muy gordo, pero que muy gordo, al que, durante siglos, muchos filósofos han intentado dar respuesta. Se trata del problema de los universales. Tuvo su punto álgido en la Edad Media, pero ya dio señales de existencia en la antigüedad. Siguiendo a un ínclito profesor, busquemos la pregunta. "La filosofía", nos decía, "consiste fundamentalmente en buscar la pregunta, no tanto en dar respuestas". (No le quito la razón, pero no puede uno vivir siempre con el interrogante puesto.) Así que formulemos la pregunta: "¿Cómo es posible que tengamos conceptos universales cuando todo lo que captamos por los sentidos es absolutamente individual?". Esa es la pregunta, ya iremos dando respuestas, porque las hay de todos los colores.

lunes, 18 de junio de 2012

El caos de los sentidos (una anécdota personal)

Aunque no era la idea de este blog, voy a contar una anécdota personal. Si se pueden utilizar fotografías y secuencias de películas para dar soporte a las ideas, ¿por qué no una anécdota personal? Las ideas no nacen solas, ¿no? Se basan en el mundo que nos rodea. Primero, la admiración, después la pregunta sobre el porqué. 
Pues bien, hace no mucho, me ocurrió algo sorprendente. No me había sucedido nunca: me desmayé cuando una enfermera pretendía extraerme sangre. Sentí un mareo y así se lo hice saber a la enfermera. Lo siguiente que recuerdo es que ya no me encontraba sentado, sino decubito supino, que es lo mismo que decir tumbado de espaldas. Vi la luz del techo y varios rostros de enfermeras que me miraban. Una me estaba colocando algo debajo de la nariz, supongo que alcohol, para que espabilara. Pero lo que más me sorprendió es que comencé a oír un ruido como de fondo, un barullo, una corriente de sonido sin forma, que no acababa de identificar de dónde procedía. Las enfermeras me miraban y abrían y cerraban los labios. Es decir, hablaban conmigo, pero no oía su voz, sino solo ese ruido amorfo.
La teoría del conocimiento de Tomás de Aquino (1224-1274) dice que los sentidos reciben datos cada uno según su especie, pero estos datos son singulares y caóticos. Sin embargo, nosotros percibimos que el mundo está organizado y más que estímulos sensoriales, percibimos objetos unificados, es decir, una realidad externa con sentido. El paso de lo singular y caótico a lo unificado y organizado, lo realizan, según, el Aquinate, los sentidos internos, sobre todo el de la percepción.
Interpreto que , cuando desperté, mis sentidos internos estaban todavía traspuestos y no eran capaces de organizar todos los datos que les llegaban a través de los sentidos externos. De manera que el sonido era interpretado por mi cerebro como una única masa de ruido, sin poder cribar los sonidos individuales, ni poder dilucidar su origen.

lunes, 11 de junio de 2012

Las ideas del Buey Mudo


En la Edad Media vivió un gran sabio, un cabezón que quiso reunir todo el saber de su tiempo. Lo llamaban el Buey Mudo, porque apenas hablaba y, además, pesaba unos quintales. Sin embargo, su maestro Alberto Magno, dijo de él que, si era un buey, acabaría llenando el mundo con sus mugidos. En fin, Tomás de Aquino (1224-1274) desarrolló una elaborada teoría del conocimiento, que es a lo que iba. 

Se basó fundamentalmente en las teorías de Aristóteles (384-322 aC). Así que, como el maestro griego, comenzó por la tabula rasa. Es decir, cuando venimos al mundo, nuestra mente es como una tablilla en la que todavía no se ha escrito nada. Poco a poco se va llenando de información. Pero, ¿de qué manera? Pues el de Aquino lo dice muy claramente: "Nihil est in intellectum quod prius non fuerit in sensu”, o sea, "Nada hay en el intelecto que no haya estado antes en los sentidos". O, si lo decimos en forma positiva, la expresión habría que formularla así: todo lo que tenemos en el intelecto tiene su origen en los sentidos. Aunque esta parece la explicación más obvia del modo en que nuestro intelecto adquiere información, no todos estarían de acuerdo. Otros pensadores, como por ejemplo Descartes, opinan que poseemos ideas innatas, es decir, que están en el intelecto antes de cualquier acción de los sentidos. Pero, ¿cuál sería, entonces, el origen de esas ideas misteriosas? ¿Las ha puesto alguien ahí o simplemente vienen con nosotros de serie?

miércoles, 6 de junio de 2012

La fusión cósmica del pulidor de lentes

Era judío sefardí, racionalista, vivía en Flandes y pulía lentes en sus tiempos libres. Baruch Spinoza (1632-1677) se las arregló para no tener que elegir entre el camino de la naturaleza o el de lo divino. Para él Dios y la naturaleza eran como Isabel y Fernando (tanto monta monta tanto) para el gobierno de aquella España que expulsó a sus antepasados de la Península Ibérica. Ambos son en la práctica la misma cosa. Deus sive natura es una de sus frases más famosas. 

Cuando Descartes (1596-1650) perdió el mundo, tuvo que recurrir a Dios para que le garantizara un puente de unión entre las ideas del mundo que había en su mente y el mundo en sí (http://goo.gl/aK116).

Pues Spinoza no tiene ese problema. Para él, la naturaleza y Dios son lo mismo. No hacen falta puentes entre lo espiritual (racional) y lo material: todo es lo mismo. Así que se ahorra la elección existencial tan radical que proponen las monjas a la protagonista de la película El árbol de la vida (http://goo.gl/WQwXg) "¿Qué camino vas a seguir en la vida el de la naturaleza o el de lo divino?", se le podría preguntar a Spinoza. Y él se reiría de nosotros: "Pero, ¿no ves que esa pregunta no tiene sentido? ¡En qué estarías pensando! No hay que elegir un 'camino' de ese tipo, diríamos que el 'camino' ya te ha elegido a ti". ¿No suena un poco al famoso "The Matrix has you..."?



lunes, 4 de junio de 2012

Afectividad, partículas subatómicas y el árbol de la vida

"Las monjas nos enseñaron que hay dos caminos que se pueden seguir en la vida: el de la naturaleza o el de lo divino. Debes elegir cuál vas a seguir", se dice al principio de la película El árbol de la vida
Es decir, considerar el mundo a secas o contando con que hay algo más que lo que simplemente se ve y se toca.

Me maravilla que seamos capaces de penetrar la realidad que nos rodea: que en un momento dado seamos conscientes de algún misterio, escondido en el mundo y en la vida de los hombres, que antes ignorábamos. En ese momento nuestra vida ya no es la misma.
¿Qué sabe el recién nacido de los misterios del universo? Con el tiempo su mente se va abriendo y se va haciendo preguntas. La vida humana es compleja, muy compleja. Todas nuestras acciones y reacciones están embadurnadas de afectividad: nunca están del todo limpias; la racionalidad, que tanto nos caracteriza, está encadenada por las pasiones: nunca es del todo libre. El universo, que prometía dársenos por completo en los albores de la revolución científica del siglo XVII, cada vez nos deja más perplejos. En los aceleradores de partículas se investiga la constitución de la materia y la física actual nos habla de paradojas dentro del mundo físico, antes inimaginables. Cada vez hay más interrogantes...
¿La naturaleza está sola o la acompaña lo divino?





viernes, 1 de junio de 2012

"Nietzsche ha muerto", Dios

El protagonista de la novela de Paulo Coelho, El Alquimista, en su época de pastor solía llevar siempre un libro consigo. Era muy práctico pues les servía para entretenerse leyéndolo y, además, podía utilizarlo como almohada. Así que, cuanto más grueso resultara el volumen más útil le parecía. 

Pues bien, el ruso Dostoyevski (1821-1881) escribió un gran "almohadón" llamado Los hermanos Karamazhov, pero  es más impresionante leerlo que usarlo de cabecera durante el sueño. Hacia el principio de la novela, uno de los personajes dice esta tremenda frase: "Si Dios no existe, todo está permitido". O dicho en forma positiva: "Dios es garantía de un orden moral". 

Por ello, no es extraño que Friedrich Nietzsche (1844-1900), en su ímproba tarea de reformar al hombre surgido imbécil del proceso iluminista, decepcionado por la incapacidad real de la razón para solucionar sus problemas existenciales reales, afirme que "Dios ha muerto". O lo que es lo mismo: da igual que haya muerto o no, es que hay que matarlo. Es imprescindible, porque la sola referencia a él es un obstáculo para que nazca el superhombre

¡El superhombre! En una historia de la filosofía en formato cómic dibujan al filósofo con el atuendo de supermán. Eso sí, en vez del rostro agraciado de Christopher Reeve, lo pintan con su descomunal bigote; y en lugar del tirabuzón que adorna la frente del superhéroe, un inmenso tupé tirado hacia atrás que es un alarde de chulería y amplios horizontes frontales. ¡El superhombre! Es decir, nosotros mismos, pero fieles a la tierra, olvidándonos de cualquier trascendencia; nosotros mismos situados sobre los conceptos del bien y del mal; nosotros mismos, convirtiéndonos en dios para nuestra propia vida... vida en la tierra, solo en la tierra. Dioses perecederos, de usar y tirar. Si uno es  encumbrado, otro lo derroca. Si el de más allá reúne masas y las conduce a la barbarie (léase Hitler), otro las dispersará. ¿A qué jugamos, Nietzsche, en la tierra, solo en la tierra?
Cuentan que tras la muerte de Nietzsche apareció un titular en un periódico que decía: "Nietzsche ha muerto, fimado: Dios". Se non è vero, è ben trobato.


He aquí una parodia de Nietzsche. Entre sarcasmo y sarcasmo se van diciendo verdades sobre el filósofo.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Homo insulatus 2: el descubrimiento de Wall-e


Se han realizado avistamientos de una variante del homo insulatus caminando tranquilamente por la calle. Se percibe en estos individuos un curioso comportamiento: mientras caminan no miran hacia adelante sino a su móvil rectangular, todo él pantalla, sostenido en la palma de una de sus manos. De vez en cuando con la punta de los dedos de la otra mano interaccionan con él. A pesar de correr el riesgo de tropezar o chocar, el homo insulatus no ceja en esta forma de proceder. El que suscribe ha podido observar que, en algunos casos, aun caminando en grupo, persisten en la contemplación del móvil mientras se desplazan.
A veces, se sienta un ejemplar de homo insulatus en la terraza de un bar, pide un café y, después de unos segundos oteando inexpresivamente en derredor,  incapaz del vacío que deja la espera, echa mano al bolsillo y extrae el móvil. Y, entonces, el mundo desaparece. Desde ese momento su atención queda absorbida. Y, cuando le traen el café, apenas eleva la mirada y, mientras lo bebe, apenas puede abstraerse del poder ensimismador del móvil. Ni siquiera se puede saber si el homo insulatus ha llegado a sentir el intenso sabor de la bebida.


¿Se puede ver el futuro del homo insulatus en la película Wall-e? He aquí un fragmento.



lunes, 28 de mayo de 2012

De la utopía al Neolítico


La palabra utopía tiene su origen en una obra de Tomás Moro (1478-1535), jurista, humanista y uno de tantos decapitados durante el reinado de Enrique VIII, a pesar de haber sido su canciller. El libro tenía un nombre tan largo y complejo (De optimo reipublicae statu, deque nova insula Vtopiae) que hoy en día la conocemos simplemente como Utopía. Utopía era una isla situado en un lugar desconocido del océano en la que existe una sociedad perfecta. La palabra utopía tiene origen griego y significa literalmente "No - lugar". De manera que Tomás Moro ya tenía claro que esa perfección social había que considerarla irrealizable. Hoy en día entendemos una utopía como aquel proyecto o sistema optimista que pretende la perfección social, pero no lo consigue. El diccionario de la Real Academia añade que no se puede realizar en el momento de su formulación. Sin embargo, no seamos ingenuos, la perfección social no existe, no ha existido ni existirá. Platón (427-347 aC) concibió una gran utopía en su diálogo La república. Pero es en los tiempo modernos cuando han surgido muchas ideologías gran contenido utópico. 
Con la revolución industrial llegó el problema obrero y con este el socialismo. Marx (1818-1883) concibió otra forma de organizar la sociedad. La revolución sería la puerta de todos los cambios. Los medios de producción se debía colectivizar, de manera que se llegara a un estado ideal llamado "dictadura del proletariado". De Marx surgieron otros teóricos que llevaron a la práctica sus ideas o parecidas. Uno de ellos fue Pol Pot (1925-1998), quien en su afán por construir su "utopía", quiso barrer de Camboya todo recuerdo de cualquier tipo de sociedad anterior, devolviendo a la población al Neolítico. Una película de 1984, titulada Los gritos del silencio (The killing fields, en inglés) intentó recrear esta situación mientras narra los avatares de un periodista camboyano. 
En la literatura todas las utopías acaban mal. Pueden parecer perfectas, pero en ellas siempre hay un acto de violencia continuado contra la naturaleza humana y, por ello, nunca pueden triunfar. Orwell, Huxley, Benson, Wells, Morris... entre otros exponen buenos ejemplos.


viernes, 25 de mayo de 2012

Dijo el lobo: ¡Vayamos a pacificar otro rebaño!


Don Camilo y Peppone

Giovanni Guareschi (1908-1968), el famoso escritor de las historias de don Camilo, ese cura descomunal que igual bautizaba que repartía mamporros esgrimiendo algo tan sutil como un banco de la plaza del pueblo, contaba en boca del sacerdote una anécdota muy graciosa. Decía que una vez se acercó un lobo a un redil de ovejas y pidió que le abrieran la puerta. Las ovejas se negaron por razones obvias. Entonces el depredador comenzó a razonar con ellas y a explicarles que él no era un lobo cualquiera, que venía a traerles la paz y la concordia, que tenían un enemigo común que era el hombre, que sus hermanos lobos no lo comprendía… Y tan bien les habló que las convenció. En cuanto le abrieron la puerta, el lobo comenzó el trabajo que le dictaba su instinto: devorar a las pobres pécoras. Cuando se las hubo comido a todas, exclamó: “¡Qué bien! ¡Vayamos a pacificar otro rebaño!”
Con esto quiero decir que hablar de paz está muy bien, pero ¿a qué precio hay que conseguirla?
Aldous Leonard Huxley
Aldous Huxley (1894-1963) escribió un espeluznante libro titulado Brave new world, que el traductor quiso llamar Un mundo feliz. Se sitúa en una sociedad estratificada y perfecta en la que no hay conflictos. La sexualidad no solo es libre sino que se promueve entre los niños como un juego. El sexo está tan separado de la procreación que lo seres humanos son producidos en fábricas con una cadena de montaje de nueve meses en la que se va proporcionando a cada nuevo espécimen los elementos químicos necesarios para su desarrollo. Ahora bien, a algunos se les suministra menos oxígeno en el cerebro que a otros. El objetivo de esto es el acondicionamiento de cada uno a la forma de vida a la que estará destinado. De esta manera, en la sociedad hay individuos de tipo alfa, que son los intelectuales, también beta, gamma, etc. hasta los épsilon que se dedican única y exclusivamente al trabajo manual. Su cerebro es incapaz de cualquier otro tipo de actividad. ¿Y cómo consiguen que todo el mundo esté de acuerdo con aquello a lo que se le destina? Fácil. Durante años se les impone una terapia: durante el sueño se les repite inmisericordemente los lemas que guiarán su vida: trabaja, trabaja, me encanta trabajar, solo quiero trabajar, lo más grande que hay en el mundo es trabajar, no me juntaré con los alfa, etc. He aquí una sociedad perfecta y pacífica.
Pero, ¿quién quiere la paz del lobo y la del “mundo feliz”?

miércoles, 23 de mayo de 2012

En la Edad Media también había recortes

Imagen obtenida de
 kikelincaricaturas.blogspot.com
La mayoría de nuestros gobernantes europeos han tomado con saña la tijera y están recortando flecos y más flecos del sistema. De vez en cuando se les escapa la mano y cortan donde duele. Entonces las calles se llenan de manifestantes expresando su desacuerdo. 
Había en la Edad Media un personaje llamado Guillermo de Ockham (entre 1280 y 1300-1349), franciscano para más señas, que recortaba con navaja. De hecho, pergeñó una fórmula que se ha venido a llamar "Principio de Economía". Pero que no nos lleve a error esta expresión. El buen fraile no era economista ni se preocupaba de cuestiones de dinero ni de finanzas. Se trata de un principio metodológico que tiene que ver con la teoría del conocimiento o epistemología. Ockham rechaza lo superfluo y exige simplicidad en las explicaciones teóricas. De manera que de las teorías que expliquen un mismo fenómeno, hay que quedarse con la más simple, porque "no hay que multiplicar los entes sin necesidad". Este principio de economía también se le ha llamado "La navaja de Ockham".

domingo, 20 de mayo de 2012

2012: toca fin del mundo, ¿no?


Estamos en 2012 y está de moda el fin del mundo. Algunos dicen que el calendario maya ha dictado que este año se nos acaba la estancia en nuestra tierra, lugar tan lleno de belleza como de lágrimas. También, en el mundo occidental ha habido quienes han pretendido descubrir el fin de los tiempos. 
Según el Apocalipsis, el último libro de la Biblia y probablemente el más simbólico de todos ellos, antes del fin de la historia tienen que pasar mil años en los que reine Cristo y el diablo esté encerrado en el abismo. Después vendrá la lucha definitiva contra el mal, el fin del mundo y el juicio final. La palabra milenarismo proviene de estos “mil años”. De hecho, se trata de esa doctrina que piensa que estos mil años llegarán, y que después acabará la historia.
Los milenaristas se dedicaron a calcular, a través de los datos de la Biblia, cuándo se produciría el fin del mundo. Algunos lo calcularon muy cercano, sobre todo en los primeros siglos del cristianismo. El mismo san Pablo tuvo que intervenir en una ocasión conminando a los fieles de Tesalónica a que dejaran de llevar una vida ociosa, porque se imaginaban tan cercano el fin del mundo, que incluso habían dejado el trabajo. “Quien no quiera trabajar”, decía Pablo, “que no coma” (2Tes 3,10).
En definitiva, la palabra milenarismo se ha asociado con aquellas doctrinas que creen que pueden calcular la fecha del fin del mundo o que la perciben inminente.



miércoles, 16 de mayo de 2012

¿Se acuchillan la fe y la razón?


Platón (detalle de la pintura de la Escuela de
Atenas
de Rafael) señala hacia arriba, que es,
según él,  hacia donde debe tender
la especulación filosófica
En la civilización occidental la fe y la razón siempre han estado juntas; no importa si dándose la mano o acuchillándose. Son dos hermanas tan conflictivas como inseparables.
Los antiguos, como Platón (428-347aC), no distinguían claramente entre el pensamiento racional y el religioso o mítico. Con la llegada del cristianismo al mundo, surgió entre los primeros intelectuales cristianos una necesidad imperiosa de entender con la razón las afirmaciones que la fe les proporcionó a raíz de las enseñanzas de Cristo.
Al principio, los primeros padres de la Iglesia (Agustín, Ambrosio, Orígenes, etc.) se sirvieron del pensamiento platónico, o más bien neoplatónico, para lograr esa comprensión.
Santo Tomás de Aquino (1224-1274) introdujo el pensamiento de Aristóteles en esta tarea. El Aquinate estableció una distinción entre verdades de fe y verdades de razón. Esto sentó las bases para el nacimiento de una ciencia independiente de la teología. Probablemente, sin esta distinción no se habría llegado al pensamiento moderno ni al desarrollo científico tal y como lo conocemos hoy en día. Es un hecho que todas las ciencias han ido secesionándose de la filosofía, como regiones del saber con una suficiente  independencia de objeto y métodos.


lunes, 14 de mayo de 2012

Con el alma a martillazos (un ejemplo)


Por ejemplo, no es lo mismo que se quiera despertar sentimientos de piedad y compasión así...

Detalle de la Crucifixión de Grünewald
que de esta otra manera...

Pietà de Miguel Ángel
Alguien podría decir: "Lo que importa es que el objetivo se cumpla". En realidad, no. El fin no justifica los medios. Tampoco en arte. Estas dos obras expuesta en esta entrada no tocan el alma de la misma manera. La Crucifixión de Grünewald parece que la arrasa y la arrastra a un estado de espanto. Todo en ella es deformidad, dolor, desesperación... Mientras que la Pietà de Miguel Ángel le conduce a uno con delicadeza de la mano hacia el misterio del sufrimiento de una madre. Parece que te invite a entrar en él, pero no te obliga. En la Pietà hay serenidad y dolor, paz y tristeza... Hay más que el simple darse de una imagen. 


Una martillea, la otra acaricia.

viernes, 11 de mayo de 2012

Con el alma a martillazos

"Estoy de acuerdo en que la música toca el alma. Entonces el Thrash Metal la debe de dejar hecha polvo", me han comentado a propósito de la entrada anterior (La música de fondo del mundo). Sin duda escuchar a una serie de melenudos berreando, aporreando una batería y distorsionando el sonido de sus guitarras, acompasado todo ello con un ritmo endiablado y actitud de mala leche, más que tocar el alma, la martillea con saña. Sin embargo, también hay que decir que mis hijas no pueden soportar la 5ª de Beethoven: les da miedo. Y eso también es una forma de tocar el alma.
La afectación de la sensibilidad ciertamente es algo prodigioso. Tomás de Aquino (1225 - 1274), otro gran cabezón de la historia del pensamiento (cabezón en el sentido más espiritual del término, claro), dice este que tema de la afectación es un aspecto de nosotros, los humanos, que compartimos con los animales. El mecanismo "me-siento-afectado-por-algo-y-acto-seguido-me-muevo-atraído-por-ese-algo-que-me-ha-afectado" está inserido en el lugar más radical y recóndito de nuestra naturaleza.
Si todo nos afecta, y lo que nos afecta nos mueve a actuar y lo que hacemos nos construye como personas, supongo que lo lógico es que no es indiferente lo que toca a nuestra sensibilidad. Quizá la verdadera educación consista en esto: educar esa capacidad de ser afectados. Es decir, moldear la sensibilidad para que sea afectada por aquello que es nuestro deber. Quien tenga oídos para oír...






Por cierto, un ejemplito de Thrash Metal, para quien no sepa lo que es.... 

martes, 8 de mayo de 2012

La música de fondo del mundo

Arthur Schopenhauer
¿Qué tiene la música que es capaz de hacernos recordar lugares, personas y sentimientos? ¿Cómo consigue pulsar algo dentro de nosotros que nos envuelve en un aura estética y emocional? Se trata quizá de la más espiritual de las artes: es intangible. El instrumento se percute, se sopla, se roza, se pulsa... pero la música... la música es como una hermana del alma. Arthur Schopenhauer (1788 - 1860), uno de los filósofos más pesimistas que ha conocido la faz de la tierra, colocó la música en un lugar insospechado. Podríamos decir que la considera el fondo del mundo


Kant (1724 - 1804) dijo que lo único que podemos conocer científicamente del mundo es lo que se nos muestra (los fenómenos). Si hay algo más allá de los fenómenos (a lo cual él llama noúmeno), no podemos conocerlo científicamente. Por tanto, lo lógico, según Kant, es dejarlo de lado. Todo intento de tratar con el noúmeno se convierte en opinión o como mucho en poesía, nunca en ciencia. De ahí que diga que la metafísica (la que estudia lo que está más allá de lo físico) es imposible como ciencia. Sin embargo, Schopenhauer opina que más allá de lo que vemos, tocamos, etc. hay una fuerza irracional que, en la naturaleza, se manifiesta en sus impetuosos fenómenos naturales y, en nosotros, los humanos, se manifiesta en la voluntad de vivir. Y la llama genéricamente voluntad. Se trata de una fuerza que nos supera, que nos trasciende y es previa a cada individuo. En este contexto, la música tiene la capacidad de traer al mundo fenómenico (el que se percibe por los sentidos) esa voluntad irracional que está debajo de los fenómenos, es decir, el fondo del mundo. Por eso, se puede decir que la música constituye un lenguaje universal, porque expresa algo que está en el fondo de todo y del que todos somos partícipes.


No voy a decir que no sea enrevesado, pero, después de leer a Schopenhauer, uno comprende que la música no son simples sonidos embellecidos: la música toca directamente el alma, o acaso viene de ella. "Detrás de las notas", dice Riccardo Muti en este simpático y profundo vídeo , "habita el infinito... es decir, Dios". 

jueves, 3 de mayo de 2012

Homo Insulatus

Se pueden realizar avistamientos de individuos de esta especie en los medios de transporte públicos. Se los distingue por tener en las manos un objeto de forma habitualmente rectangular de tamaño variable, que emite imágenes dinámicas con rico contenido cromático y acapara toda la actividad visual del espécimen. De este objeto (también llamado móvil, tablet o consola) suele surgir una especie de cuerda ramificada que, más o menos a la altura del cuello, se divide en dos ramales, cada uno de los cuales desemboca en uno de sus oídos. Al parecer tienen la virtud de transmitir sonidos, con lo cual absorben completamente la capacidad auditiva del individuo en cuestión.
A veces se los puede encontrar en grupo y se los reconoce porque se sientan alrededor de una mesa, en principio para degustar una comida en común, pero poco a poco sus manos vuelven estar ocupadas por objetos rectangulares que someten la atención a servidumbre. Alguno incluso maneja dos de estos aparatos casi simultáneamente. Como consecuencia, se ignoran unos a otros. Quizá de vez en cuando dos de ellos ríen: al parecer estos objetos rectangulares tienen la capacidad de comunicarse entre ellos de forma silenciosa. En el caso de que la información traspasada revista un carácter cómico, puede provocar risa en los especímenes. Después de la experiencia hilarante, a veces se miran; otras, no.

Y digo yo: solo queda que se coloquen un filtro nasal con un ambientador incorporado y un traje de neopreno con emisor de sensaciones táctiles incorporado para convertirse en un auténtico Homo Insulatus "Absolutus".
Aristóteles (384-322 aC) decía que el ser humano es un animal social. Por ello, también dice que  la amistad (el amor) es uno de los grandes bienes de la vida. Sería algo así como el estado ideal entre personas, es decir, la forma más fácil de encontrar la felicidad. Y la amistad (el amor) se forja en la vida en común, en el contacto con las personas. ¿Estaremos renunciando a este bien futuro por estos entretenimientos compulsivos y envolventes? La necesidad del aparatito en la mano para chatear, jugar, etc. se está convirtiendo en una auténtica adicción. ¿No es mejor, por ejemplo, que dos compañeros de colegio estudien juntos que consultarse las dudas de la asignatura por Whatsapp?
El Principito de Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) tiene una rosa en su planeta, a la que tiene que cuidar con mucho esmero, porque es muy quisquillosa. En un momento dado del libro El Principito se ve delante de un campo lleno de rosas. Él las increpa diciendo que no son en absoluto como su rosa. ¿Qué es lo que diferencia a SU rosa de todas las demás? Ni más ni menos, concluye Saint-Exupéry, que el tiempo que ha "perdido" con ella.

sábado, 28 de abril de 2012

El cataclismo, parte 2 ("que vengan los monjes")


MacIntyre (1929-) afirma que en occidente se ha producido un cataclismo moral en algún momento de la historia entre la Edad Media y nuestro tiempo. Este evento ha tenido lugar durante lo que se ha llamado el período moderno.
El cataclismo, en resumen y generalizando, lo cual nunca da una visión correcta, consiste en pretender que la razón se convierta en el fundamento último de la moral. Este proyecto del pensamiento moderno, según MacIntyre, fracasa estrepitosamente. La racionalidad se puede aplicar de muchas maneras, y ninguna es capaz de dar una razón apodíctica del comportamiento.
Así que, actualmente, como herederos del pensamiento moderno fracasado, nos encontramos ante una disyuntiva: o entregarse a las tesis de Nietzsche, que renuncia a la racionalidad, o volver a Aristóteles.
Nietzsche, llevado a sus últimas consecuencias, nos conduce al nihilismo y al absurdo; por tanto, al relativismo moral. Aristóteles nos da en sus obras una ética basada en las virtudes, que hay que actualizar a nuestros días. Y estas virtudes, sólo tienen sentido en una “comunidad” con una coherencia entre todos los ámbitos de la vida. Y esto parece que hoy en día sólo es posible en comunidades pequeñas. Un ejemplo de ello son las comunidades monásticas. Por ello, acaba MacIntyre su libro Tras la virtud diciendo: “No estamos esperando a Godot, sino a otro muy diferente: a san Benito”.

viernes, 27 de abril de 2012

Pero... ¿la flecha se mueve o no?

Empecemos por el planteamiento más obvio: 
- ¡Mira! El movimiento se demuestra andando. -podríamos afirmar mientras nos desplazamos de un lado para otro gracias  nuestras piernas.
- ¡Ah! ¡Falso! -nos podrían replicar-. Por ese procedimiento no se demuestra el movimiento, sino que se muestra. La demostración requiere de una argumentación lógica. Y hay realidades tan simples y sencillas que no pueden ser demostradas. Una de ellas es el movimiento
- Pero, ¿no es obvio que las cosas se mueven?
- ¡Por supuesto! 
- ¿No es de sentido común? 
- ¡Sin duda!. 
- Entonces, seguro que se puede demostrar. 
- ¡Pues no! No es tan sencillo. 

A veces, el trabajo del filósofo consiste en dar palabras a lo que es tan obvio que nunca nadie antes le ha puesto nombre. ¡Ardua tarea!
Por eso, no es de extrañar que haya habido pensadores en la historia que hayan pretendido demostrar lo contrario, es decir, que el movimiento no existe. Por ejemplo, Zenón de Elea (antes de 485 aC - 430 aC) decía que el movimiento es una pura ilusión. Da varios argumentos, pero el más simple es el de la dicotomía. Si lanzo una flecha para que impacte en una diana, no podrá llegar jamás; porque para ello tendrá que recorrer, primero, la mitad del espacio y, antes, la mitad de la mitad, y así sucesivamente. El espacio de puntos intermedios por el que tendría que pasar sería infinito. Por tanto, es imposible que llegue a la diana. Sin embargo, vemos que la flecha la alcanza. Por eso, Zenón afirma que el movimiento de la flecha es una pura ilusión.

miércoles, 25 de abril de 2012

Dejar de ser persona para convertirse en masa


En el minuto 11:30 de este vídeo Stalin, el terror rojo Edvard Radzinsky, biógrafo del dictador soviético, afirma: "Creo que lo más terrible del imperio bolchevique fue que era un imperio ateo. Acabaron con la religión en Rusia y el resultado fue terrible: dejaron de ser personas y se convirtieron en masa".

Marx (1818-1883) caracterizó a la religión como opio del pueblo. Es cierto que la religión puede servir para justificar injusticias sociales. Sin embargo,  no puede negarse la verdad de la afirmación del señor Radzinsky.
La religión es una realidad, por tanto, que puede ser pensada como opio del pueblo o como la garantía de la dignidad personal de cada ser humano de una determinada sociedad. Y esto es algo tan paradójico como fascinante.
Toda ideología que no cree en Dios, misteriosamente, deja de creer en el hombre. Aunque le pese a Nietzsche (1844-1900), que nos conminaba a ser fieles a la tierra y matar a Dios. Sin Dios el ser humano se acaba convirtiendo en un objeto necesario para el encumbramiento o desarrollo de otros seres humanos, es decir, en un instrumento y no en un fin en sí mismo. La religión ilumina la visión que tenemos de nosotros mismos y sitúa la imagen del ser humano en el lugar que, idealmente, le corresponde dentro del mundo. Y esto es lo paradójico: da la impresión de que debería ser al revés, es decir, que sin Dios se encontraría mejor este lugar.

Por eso, decía Karol Wojtyla (1920-2005) que cualquier antropología que dejara de lado a Dios se volvía en contra del hombre. Y esto lo vivió muy de cerca durante la ocupación nazi de su país, Polonia, y la ocupación soviética durante la segunda mitad del siglo XX. En la película Karol, el hombre que fue Papa, la amiga de Karol ha comprobado la malignidad a la que puede llegar el ser humano por una ideología con una visión inadecuada del ser humano, y se pregunta el porqué (minuto 49:50 del siguiente vídeo). Minutos antes se muestra una escena trágica en la que los judíos están siendo trasladados a los vagones de un tren que se dirige a un campo de concentración.

Se puede vivir con el mal imaginado, pero no el vivido

lunes, 23 de abril de 2012

!Se puede saber qué es la filosofía!


Algunos con cierta sorna, y otros con sinceridad, no exenta de cinismo, afirman que la filosofía es la ciencia con la cual o sin la cual al final te quedas tal cual. Pero no hace falta ser un experto para saber que se trata de una definición no demasiado estricta.

Los más puristas la definen como aquel conocimiento organizado de todas las cosas por sus últimas causas y sus primeros principios. Quizá también con esta definición nos hemos quedado "tal cual" (de ahí la mala fama de la filosofía). 

Pero, si el conjunto no se entiende, vayamos por partes. Expliquemos cada uno de los términos implicados en la definición. 
Empecemos por conocimiento organizado, que es otra forma de decir ciencia, pero, como esta palabra está demasiado enfocada hoy en día a las ciencias experimentales con sus probetas, pipetas y mecheros de Bunsen, se ha optado por la expresión “conocimiento organizado”. 
A continuación, la definición informa del objeto material de esta ciencia, es decir, de qué es lo que estudia. Y nos dice que estudia “todo”. Eso es. (Y tan grande es el todo que hasta incluye a la nada.) 

Y finalmente nos explica el objeto formal de la filosofía, es decir, el punto de vista desde el cual se estudia el objeto material. Cuando decimos que la filosofía estudia todo desde el punto de vista de los primeros principios y de las últimas causas, ¿a qué nos referimos? No es fácil explicarlo, porque estamos acostumbrados a las causas inmediatas y a los efectos prácticos. 

Si nos preguntamos cuál es la causa de nuestra propia existencia, responderemos rápidamente: "mi padre y mi madre". Esto no es falso. Sin embargo, si profundizamos más, sin los progenitores de nuestros padres, ni sus progenitores ni los progenitores de sus progenitores, etc. tampoco existiría yo. ¿Significa esto que las últimas causas son las más alejadas de los efectos en el tiempo, aquellas que no tienen otra antes? Así es, pero nuestra existencia tampoco podría explicarse sino fuera por los elementos químicos que forman nuestro cuerpo. Estos serían una causa "cercana". Sin embargo, no explican todo mi yo, porque estos elementos químicos por sí mismos, no son yo. Parece que hay algo más en mí que les da unidad. Intentar explicar esto también es un tema eminentemente filosófico. 
Pero subamos las apuestas: la filosofía no solo se pregunta sobre el porqué de la existencia de un objeto o persona concretos, sino que se eleva hasta la más radical de las preguntas: ¿por qué existe algo en vez de nada? 

viernes, 20 de abril de 2012

Ya seré bueno luego

Lo siento por Descartes (1596-1650), pero no puedo dejarlo, es como un mal vicio. No contento con perder el mundo y recurrir a Dios para asegurarse de que sigue existiendo, ¡también ha perdido la moral! La moral se deriva de la concepción del mundo, pero el problema es el de siempre con Descartes: si dudo, lo considero falso. Si concibe un mundo incierto, sembrado de dudas y, por tanto, falso, ¿qué forma de comportarse se deriva de ello? Pues ya te lo digo yo, amigo Descartes: ninguna. Ahora bien, como el señor Cartesius (pues tal le llamaban en latín) no se atrevía a decir algo así en su época, porque en el fondo no era tan iconoclasta ni tan nihilista, nos explica que quiere desarrollar una ética a partir de aquella primera certeza. Pretende, entonces, una ética basada en evidencias tan claras y distintas como el "pienso, luego existo". A ver, no nos engañemos: con estas palabras se te ponen los pelos de punta: "Y si lo consigue...". Pero, ¡qué va! Promete e incumple como un mal político. Por eso, acaba diciendo que adoptemos una moral provisional. Es decir, que nos comportemos como lo hace la gente que nos rodea, sin destacar demasiado ni por exceso ni por defecto. O sea, que seamos buenines, que ni robemos ni matemos, que cumplamos las promesas y que nos amoldemos a las costumbres de la sociedad. Es que con este francesito hay que acabar siempre igual: ¡Olé, machote! ¿Para eso tanto lío?

jueves, 19 de abril de 2012

¿Creación o "Big Bang"? A lo mejor no importa tanto


"Al principio creó Dios el cielo y la tierra". Así comienza el libro del Génesis, el primero de la Biblia. A pesar de que un ateo o un agnóstico podría reírse de esta frase por nombrar a Dios y olvidarse del Big Bang, estas palabras han cambiado la forma de ver el mundo y han configurado nuestra mentalidad cultural como occidentales.
Los griegos y los romanos concebían la historia cíclicamente. Los días, las estaciones, las cosechas... todo volvía a repetirse. De ahí el famoso dicho latino: Nihil novi sub sole (nada nuevo bajo el sol). También la historia humana, insertada dentro de los ciclos naturales debía ser, por tanto, cíclica.
Sin embargo, un pueblo semítico, llamado hebreo, estaba convencido de que la historia era lineal. La historia de los hombres tenía un principio y un fin. El mundo había sido creado por un único Dios, quien con su Providencia acompañaba a los hombres hasta la consumación de la historia.
Del judaísmo surgió el cristianismo, que no modificó esta concepción de la historia. Y del cristianismo la hemos heredado todos los europeos y una buena parte del resto del mundo.
El dogma cristiano de la segunda venida de Cristo introdujo en el imaginario cultural la idea de que la humanidad avanza hasta ese momento culmen, que implica el final de la Historia, el juicio final y el cielo o el infierno. Llamaremos progresismo cristiano a esa forma de pensar que cree que la historia avanza hacia un punto álgido, guiada por la Providencia, hasta la segunda venida de Cristo.
Los iluministas contemporáneos de la revolución francesa habían descartado a Dios, pero se quedaron con la concepción lineal de la Historia. Uno de ellos, un tal Condorcet (1743-1794), había concebido que la historia progresa y cada etapa es mejor que la anterior, a no ser que haya períodos oscuros y bárbaros, como, según él, la Edad Media. Por supuesto, esto le llevaba a concluir que su propia época era la mejor de la historia.
Pero, si heredaron del cristianismo el concepto de historia lineal progresante, pero sin Dios, sin venida de Cristo, sin cielo ni infierno eternos, ¿hacia qué progresa el ser humano? Si se quiere mantener el concepto de progreso lineal hay que sustituir ese punto álgido, esa culminación de la historia. El ser humano avanza hacia la consecución de lo máximo que quiera y desee alcanzar. Y esto se puede ver de dos maneras. 1) lograr la mejor versión del ser humano (¿hacerse similar a Dios?) o 2) conseguir el paraíso en la tierra. Marx (1818-1883), por ejemplo, sitúa el final de la historia en el momento en que la humanidad alcanza el comunismo real.
Como se ve se trata de conceptos religiosos laicizados, porque el progreso indefinido del hombre en la historia es un calco laico del progresismo cristiano. Y la necesidad de que lo que venga luego sea mejor que lo que hay, sólo por el hecho de que lo hace el ser humano, obedece a un acto de fe tan grande o más que el del cristiano en la segunda venida de Cristo.

viernes, 13 de abril de 2012

¡Que baje Dios y lo arregle!


No todos lo dramaturgos griegos y romanos eran tan buenos como Sófocles o Plauto. Algunos necesitaban un curioso recurso, muy socorrido y piadoso, para hacer que la trama de sus obras concluyera. Consistía en la aparición de un dios que imponía orden y concierto. Así, se acababa de forma fácil lo que tenía visos de ser una representación inacabable a corto o mediano plazo. Esta divinidad aparecía en escena traída por una especie de grúa, que la colocaba en medio del escenario. Una vez bien allí, hablaba y ponía a cada uno en sus sitio. Se le llamaba Deus ex machina, es decir, un dios que viene con un aparato mecánico.

Días atrás dijimos que Descartes (1596-1650) había dudado tanto de sus sentidos y de su inteligencia que no podía aceptar la existencia del mundo. Pero, después de “pensar y, por tanto, existir” (pero existir él solo, porque solo se percibe a sí mismo como pensante), trae “a escena” una especie de teatrero Deus ex machina que le saque del embrollo en el que se ha metido. Dice: “Tengo unas ideas muy claras y distintas del mundo. Si es así, es porque Dios las ha puesto en mí. Y Dios no puede engañarme, porque es infinitamente bueno”. ¡Madre mía, Descartes! ¡En qué líos te metes tú solo!

miércoles, 11 de abril de 2012

La bolas de billar de Hume


Permítaseme ser irónico. Si David Hume (1711 - 1776) dice que algo no es evidente, pues hay que creérselo. No importa que siempre hayamos creído que, si una bola de billar choca con otra, causa el movimiento de esta última. Hay que tener fe en Hume. No hay pruebas de que esto sea así. Lo único que podemos constatar es que después del choque, la primera bola se frena y la segunda se pone en movimiento. En términos latinos: no se trata de un movimiento propter hoc (por causa de eso), sino de post hoc (después de eso). Lo que ocurre es que lo hemos visto ya tantas veces, y nos hemos acostumbrado a ello, que hemos creado un hábito mental que nos ha llevado a inventar algo llamado causalidad. ¿Tenía razón o no? Es que hay que creer en Hume. Nunca, entiéndase la ironía, nunca en la evidencia.

lunes, 9 de abril de 2012

¡Atención: cataclismo!


“En nuestra cultura occidental ha habido un cataclismo”. Eso dice Alasdair MacIntyre (1929- ), profesor de Filosofía en la Universidad de Notre-Dame, Indiana, Estados Unidos. ¿Cómo lo sabe? Su diagnosis sobre el panorama ético actual es muy curioso y de una energía contundente. Al ver los interminables debates éticos que se producen en nuestro mundo, por ejemplo, con el tema del aborto, llega a la conclusión de que los interlocutores de estos debates pertenecen a paradigmas éticos irreconciliables. Por ello, entiende que es imposible que se pongan de acuerdo.
Intenta analizar cómo hemos llegado a esto. Descubre que a nuestro tiempo nos han llegado solamente pedazos inconexos de una tradición que hace siglos existía completa y era coherente en todos los ámbitos de la vida. Es decir, la moral era coherente con la política y con la enseñanza y así también con todos los ámbitos de la vida.
Entonces se plantea: ¿Qué ha ocurrido? Pues para MacIntyre está claro: “Señores, en algún momento de la historia ha habido un cataclismo que ha roto en pedazos la coherencia de la vida social. Hay que buscarlo”.
He aquí dos que no son capaces de entenderse.

El trilema del filósofo

Dicen que la filosofía no sirve para nada ... ¡y es cierto! Nada útil, quiero decir. Y, aunque parece que esté echando piedras sobre mi p...